Con  Soja  No  hay  ALBA

 

La Cumbre de los Pueblos en Mar del Plata, Argentina, cerró con el discurso del Presidente Chávez en el estadio mundialista el día 4 de noviembre. En ese acto estaban presentes una multitud de movimientos sociales que se destacaban por una gran variedad de pancartas. La mayor parte de las pancartas identificaban a los grupos o expresaban el rechazo total al ALCA. Nosotras, un grupo de compañeras de Buenos Aires y Montevideo de diferentes organizaciones, desplegamos, en cambio, una pancarta sin identificación propia y con la consigna: CON SOJA NO HAY ALBA. La hicimos, no sin cierto temor de ser amedrentadas por el hecho de no seguir el ánimo oficial del acto, que era claramente antiimperialista en el sentido clásico de la izquierda. Sin embargo, la reacción fue positiva, la frase casi poética enlazando el ALBA con la soja o mejor, con la no soja, hizo reflexionar a mucha gente sobre el tema.

 

Posteriormente nos llegó que muchos espectadores argentinos la interpretaron como  que con soja no hay mañana. En Argentina la palabra soja tiene ya un contexto negativo para la mayoría de la gente; se asocia a la deforestación, la desertificación, la contaminación, los desalojos de campesinos e incluso a la subida de precios de los  alimentos básicos. La soja es positiva sólo para el Gobierno y para los bancos y los agronegocios puesto que les es útil para poder seguir incrementando sus tasas de PBI y políticas de escala macroeconómicas, que no contemplan como en tanto crecen cada vez más, las villas miseria, el desempleo y el trabajo precarizado.

CON SOJA NO HAY ALBA, cuando lo pensamos y lo convertimos en una enorme pancarta, nos referíamos directamente a la imposibilidad de convivencia de agroindustria y transgénicos en la  propuesta Alternativa Bolivariana para las Américas. El ALBA se opone al ALCA, el ALBA es una alternativa popular que busca crear la integración con una base de justicia social. En cambio el ALCA es un acuerdo de integración de capitales y libre mercado orientado y diseñado en beneficio de las grandes corporaciones.  Entonces, el ALBA no puede contener la mercantilización de la vida y los instrumentos de dominación corporativa en la agricultura que representan la agroindustria, la biotecnología y los patentamientos de los organismos vivos que conlleva el neoliberalismo y acuerdos de TLC (Tratados de Libres Comercio) tales como el ALCA.

 

Nuestra intención era aportar esta convicción al presidente Chávez, advirtiendo que en el marco de la Alternativa Bolivariana para las Américas no deben estar incluidos los monocultivos industriales de transgénicos que causan despoblamiento rural, pobreza y violencia, situación que estamos viviendo los pueblos de Brasil, Argentina y Paraguay.  Tan fuerte fue nuestro propósito de hacer llegar este mensaje, que habíamos elaborado una pancarta de 8 metros de largo, y nos dedicamos durante las dos horas que Chávez habló, a circular por diferentes puntos de la cancha para atrapar su atención. Aguantamos lluvia y vientos haciendo contorsiones para mantener en pie nuestro mensaje que amenazaba de llevarnos volando como un ala delta.

 

Vimos la necesidad de hacer esta acción en el estadio, en respuesta al recién firmado acuerdo entre Chávez y Kirchner de intercambio de gasoil por tecnología agropecuaria, un acuerdo bilateral por 200 millones de dólares. El convenio estipula la importación de hasta 5 millones de barriles de gasoil venezolano “para ser utilizado en la recolección de cosechas” —explicó Chávez—, a cambio de una exportación argentina al Ministerio de Agricultura de Venezuela de 114 millones de dólares por el suministro de maquinaria agrícola y la asistencia técnica de personal del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria de Argentina).

Este intercambio presentado como la prueba de hermandad entre ambos países, oculta que Argentina debe importar gasoil porque la petrolera española Repsol-YPF monopoliza la producción argentina. Repsol exporta el petróleo crudo y mantiene la disposición de no fabricar gasoil, cosa que siempre hiciera YPF (cuando era estatal) a un precio promocionado para el trabajo agrario.

 

Chávez vinculó el acuerdo bilateral  con la Alternativa Bolivariana para las Américas, el ALBA. “Esto es parte del ALBA: tecnología a cambio de gasoil”, sintetizó Chávez el día que firmó el acuerdo. Dijo, además, que el convenio permitirá a las zonas agrícolas de Venezuela transferir toda la tecnología “para llegar a tener laboratorios como estos, que se salvaron de la ola privatizadora”[1].  “Argentina es generosamente estratégica”, opinó Chávez luego de calificar como “muy positiva” la incorporación de tecnología argentina a su país. Sin embargo, tememos que al importar maquinaria agrícola argentina y técnicos argentinos del INTA, Venezuela  podría frustrar las posibilidades de una Reforma Agraria con Soberanía Alimentaria, o sea que se base en la producción de alimentos sanos y en el desarrollo local.

Venezuela se abre como un gran mercado potencial para los técnicos argentinos. Según un informe del INTA realizado en Venezuela en Septiembre de este año, “toda Venezuela posee 2000 hectáreas de soja. La soja tenderá a incrementar su área de siembra en los próximos años en una gran zona agrícola de Venezuela. Paralelamente, se piensan instalar empresas aceiteras y también ,por añadidura, se reiniciará la siembra y el desarrollo del cultivo de Girasol”. La Agricultura Venezolana representa menos del 10% del PBI, sólo utiliza el 5% de las tierras cultivables, lo que la hace muy apetecible para los agronegocios que buscan “nuevos territorios”.[2]

 

De esta forma, la incorporación de tecnología “argentina” podría abrirle la puerta a MONSANTO y a otras corporaciones de Biotecnología que se caracterizan por imponer  la dependencia a sus semillas transgénicas y a sus insumos; agrotóxicos y fertilizantes. Asimismo, la soja RR, Roundup Ready, patentada por Monsanto,  podría llegar hasta Venezuela. Así como la Argentina fue el porta aviones para invadir con transgénicos de MONSANTO a Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia, podría ahora estar encubiertamente posibilitando el contrabando de la soja Maradona, en simultáneo con las maquinarias de siembra directa de grano grueso adecuadas para maíz, poroto y soja.

 

Con la pancarta CON SOJA NO HAY ALBA queríamos aportar nuestro testimonio al proyecto de integración de los pueblos que el ALBA nos plantea. En Argentina,  el 45% de nuestra superficie agrícola esta cubierta por monocultivos de soja transgénica. La  expansión de este monocultivo ha causado el despoblamiento rural y la pérdida de las economías regionales. La soja avanza  causando deforestación y provocando una ola de violencia y desalojos a las comunidades rurales y contaminación a la gente con agrotóxicos. En Paraguay, la soja transgénica ha dado como resultado la militarización del campo, son soldados los que vigilan los sojales y disparan contra los campesinos cuando estos intentan frenar las fumigaciones con agrotóxicos. En todo el cono sur la expansión de la soja ha resultado en la criminalización de la lucha campesina, causando la muerte a centenares de campesinos, imputando a miles y condenando a las comunidades con malformaciones, abortos, y enfermedades respiratorias.

 

CON SOJA NO HAY ALBA es una advertencia para Venezuela acerca de los peligros que implica la actual agricultura argentina. También es el grito de los excluidos de la agricultura; es un reclamo de ayuda para Chávez a quien pedimos que interceda ante nuestros gobiernos para que dejen de respaldar un modelo de agricultura sin agricultores y convertir nuestros países en republiquetas sojeras dependientes de corporaciones  transnacionales como MONSANTO y CARGILL.

 GRR Grupo de Reflexión Rural

Contacto: javierulli@yahoo.com