J. Rulli

La necesidad de pensar modelos de agricultura alternativa y rururbana en América del Sur, basados en un pensamiento arraigado a la cultura y a la Tierra
 

 

1. Sentimos la necesidad imperiosa de pensar nuevos modelos agrícolas para nuestra América Latina. Es el nuevo modo en que ejercemos el pensamiento nacional, un pensamiento que se arraiga en los grandes temas de la dependencia, cuando un Capitalismo Globalizado impone en nuestros países a través de las empresas transnacionales, la primarización de nuestras economías y la producción masiva de commodities. Esas nuevas dependencias conllevan la apropiación de los recursos naturales, con devastación de los ecosistemas y con fuertes impactos sobre las poblaciones rurales. Necesitamos hallar los elementos intelectuales que nos permitan visualizar y enfrentar esas nuevas situaciones neocoloniales. Necesitamos poder repensar las relaciones de la ciudad y el campo en épocas de globalización, a la vez que demostrar que el avance de los Agronegocios y de los modelos de agricultura industrial con cultivos transgénicos, no son ineluctables tal como se nos enseña y tal como se los naturaliza mediante la colonización pedagógica. El modelo de los Agronegocios significa una agresión sobre la identidad cultural, sobre el arraigo de las poblaciones, sobre sus patrimonios alimentarios y sobre sus posibilidades inmediatas de supervivencia en la sociedad transcolonizada por las Corporaciones.

 

2. Consideramos que tanto los campesinos cuanto las poblaciones originarias, así como muchos pequeños productores y sectores provenientes de la ciudad que son convocados por una vocación de vida en el campo, tienden naturalmente a preservar los ecosistemas y sus elementos fundamentales. No obstante, la presión del consumismo y de los modelos de la insumo dependencia sobre ellos, tanto como las tentaciones de las tecnologías llamadas de punta, las demandas de la exportación y de los modos de vida urbano, son constantes y crecientes sobre estos sectores. Es urgente, entonces, la necesidad de instalar criterios y paradigmas, tanto de liberación como de desarrollos rurales locales que revaloricen el trabajo de la tierra. Modos de vida que permitan recuperar la autoestima del trabajo agrícola, a la vez que imaginar modelos de producción cada vez más amigables con la Naturaleza, que posibiliten recuperar aquellas relaciones inteligentes de observación y de aprovechamiento de los recursos, que se han ido extraviando en los prolongados procesos de aculturación.

 

3. Una de las principales causas del menosprecio a las experiencias campesinas y/o relacionadas con la tierra o con el campo, en todas las experiencias de cambio revolucionario habidas en América Latina con posterioridad a la Revolución Mexicana, han sido las lecturas del marxismo que se nos impusieron. Con excepciones importantes como la de Mariátegui en el Perú, no han habido intelectuales marxistas que bucearan suficientemente en nuestras raíces culturales para indagar sobre las propias necesidades y adaptar a ellas aquellos pensamientos. Todo lo contrario, la mayor parte de las corrientes de izquierda se constituyeron en expresiones de una modernidad y de una universalidad que nos modeló bajo la luz de sus razones y que nos convirtió en objetos, sin poder siquiera atender las propias voces recónditas de la Cultura y de las tradiciones. Recién a finales del siglo XX, después del colapso de la URSS y habiéndose levantado el Zapatismo en México y conmoviendo las grandes manifestaciones antiglobales a las principales capitales del mundo, resurgió en América Latina un movimiento campesino que, con importante autonomía de los partidos políticos, se esforzó por generar propuestas tan importantes como fuera la de Soberanía Alimentaria. Este resurgir de las experiencias campesinas ha mostrado en los últimos diez años sus fortalezas y también sus debilidades. De hecho se impuso en el campo de las luchas populares, un nuevo protagonismo, aunque defensivo y lamentablemente subsidiario de las ideologías urbanas progresistas.

 

4. Las principales experiencias capaces de imaginar al mundo desde miradas campesinas se dieron en la antigua Rusia zarista bajo el movimiento de los Narodnikis, y sus polémicas con el Marx anciano, fueron tan fecundas que lo llevaron a éste a dudar de muchas de sus afirmaciones anteriores y aceptar la posibilidad de caminos diversos para la construcción del Socialismo. Sin embargo, después de la muerte de Marx, justamente en ese período de revisiones postreras, fue Engels el responsable de seleccionar y editar sus escritos y lo hizo a su buen saber y entender, desechando buena parte de aquellas líneas de pensamiento en esbozo y condenando de hecho, la posibilidad de una vía campesina que no pasara por el reconocimiento al rol protagónico, hegemónico y hasta excluyente, del proletariado industrial y a la aceptación rigurosa de que, tal como se manifestaba en aquellas épocas, y aún muchos siguen repitiendo: “para llegar al cielo del socialismo, era preciso indefectiblemente atravesar por el infierno del Capitalismo”.

 

5. Aquellas opciones fueron determinantes para la Humanidad, y me refiero al modo en que en la Rusia bolchevique el Ejército Rojo, las líneas eléctricas y el ferrocarril, barrieron con las últimas resistencias de autonomía campesina. Recordemos la consigna “socialismo es igual a poder soviético más electrificación”. La victoria de esa versión del marxismo, convertida más tarde en una cosmovisión, selló también una continuidad y una adhesión del pensamiento y de las propuestas de los oprimidos del mundo con el universo de la ciencia europea del siglo XIX, con su materialismo positivista y con su visión mecanicista y unilineal de la evolución y en especial con esa mirada eurocéntrica que intentaba reordenar la realidad desde los propios parámetros y que acompañó durante el siglo veinte y desde posiciones de izquierda, los avances coloniales sobre la periferia del mundo. Lamentablemente, aquellas opciones incluyeron asimismo, el dar la espalda a la Ecología y hacerse cargo de un mandato inexcusable: el de dominar a la Naturaleza. Esa herencia tiñe todavía los pensamientos progresistas y de izquierda con los que debemos convivir y dialogar cotidianamente. No es posible imaginar que la izquierda latinoamericana aún no advirtió la importancia de la preservación del ambiente o acaso la importancia de los desarrollos locales amigables con la Naturaleza, del valor del comer sano o del vivir de un modo más armonioso con el entorno. No, sería una ingenuidad de nuestra parte no comprender que priman en esa izquierda los viejos paradigmas que sustentan esos pensamientos progresistas, el enamoramiento de las chimeneas como símbolo de la industrialización en el siglo XX, y esas opciones constantes por las categorías de la gran escala, del empleo y las profundas certezas respecto de un progreso ilimitado.

 

6. Hoy nuestro continente vive un concierto de diversos gobiernos populares, renovadores o acaso reformistas, en algunos casos reconocidamente socialistas y en general fuertemente antiimperialistas. No obstante, y como consecuencia de una fuerte persistencia de las ideologías setentistas y de sus lógicas marxistas de construcción del pensamiento, es evidente que ese antiimperialismo que tiene a Bush y a lo norteamericano por objetivo, no incluye ni los modos de vida norteamericanos que se nos proponen a través del cine o de la publicidad, ni a las grandes Corporaciones con las cuales se negocia o acuerda, sin mayores conflictos de conciencia. Nuestras élites dirigenciales son antiimperialistas pero globalizadas, continúan confiando en el Progreso ilimitado y considerando la necesidad de que a falta de una burguesía empeñosa, sean los viejos revolucionarios, hoy en el rol de funcionarios progresistas, los que lleven adelante las tareas pendientes del Capitalismo, aún al precio de que las inversiones de capital estén a cargo de las corporaciones internacionales.

 

7. Que la izquierda comparta muchos de los mismos paradigmas desarrollistas con la derecha política y hasta neoliberal, hace que las formas globales de las nuevas dependencias sean generalizadamente visualizadas como irrelevantes o que no sean consideradas políticamente. Los modelos de monocultivos, las producciones masivas de commodities, la Biotecnología y las semillas GM, la minería por cianurización, los bosques implantados, la alimentación de animales en encierro con sojas transgénicas, el avance de las fronteras de agricultura industrial sobre las tierras campesinas y los montes nativos, la conversión de los productores locales en eslabones de grandes cadenas agroalimentarias, se consideran aspectos positivos o negativos, pero siempre propios de un precio inevitable que es preciso pagar a la modernidad… Las campañas en defensa de la Ecología movilizan cada vez más población implicada en las políticas de devastación, pero aún no logran instalarse en las agendas de los partidos o de los gobiernos. Los movimientos campesinos, mientras tanto, se debaten en la confusión y fluctúan entre el creciente acorralamiento de sus bases por las políticas de los Agronegocios y los equipos ideológicos anacrónicos de sus líderes, que les imposibilitan enfrentar esas situaciones sino desde perspectivas de reivindicación social. Tan sólo se trataría de reconocer que la situación es sumamente compleja y que a una situación compleja deberíamos enfrentarla con pensamientos complejos, pero eso para muchos no resulta fácil pues requeriría reaprender a pensar o acaso incorporar los nuevos paradigmas.

 

8. Consideramos que existen algunas situaciones en el Continente particularmente importantes para nuestras preocupaciones. Una es la del proceso de pensamientos políticos propios de la conducción del MST brasileño, que tiene una determinante influencia en toda la vía campesina de Latinoamérica. Se evidencia en esas conducciones, una fuerte presencia del pensamiento de la Teología de la Liberación de los años setenta, mixturada con un marxismo ortodoxo bastante rígido, reacio a intentar relecturas de Marx, y además con tendencias al desarrollismo y a una agricultura en escala. En algunos destacados intelectuales brasileños se evidencian, asimismo, ciertas regresiones a manifestar que esta sería la gran hora del Socialismo o a incomprender la urgencia de la cuestión Ecológica. Actualmente en algunas de estas bases campesinas, parecieran irse imponiendo criterios favorables a los cultivos de Soja RR y a la producción de Agrocombustibles en los propios asentamientos, en un sentido absolutamente opuesto a la línea que hace más de un año abrieron sus propias mujeres al destruir el vivero de eucaliptos de Syngenta en Porto Alegre.

 

9. La otra situación destacable es la de la escuela de Agroecología que se organiza en Venezuela para todo el continente y donde también participa institucionalmente la Vía Campesina. En esa escuela y hasta donde sabemos, pareciera que se imponen los criterios propios de la corriente neomarxista chayanoviana de Altieri, Sevilla Guzmán y de Rosset, corriente bastante abierta a comprender los fenómenos propios de la presencia de los campesinos en nuestras sociedades globalizadas y de sus nuevas demandas de participación en las políticas del desarrollo. No obstante, razones que desconocemos pero suponemos, han hecho que la escuela no cumplimentara hasta el momento las expectativas que en ella se depositaban. Creemos que si bien sus organizadores han logrado cooptar para su implementación a pensadores idóneos sobre el tema campesino, la escuela carece de los cuadros capaces para llevar adelante una práctica agroecológica concreta. Tal vez, la primacía de los estudios sobre Marx, ha conducido a que la escuela de agricultura sea en verdad hasta el momento, una nueva escuela de formación política de cuadros y no, como supuestamente se propone, una escuela que pueda formar lideres en las prácticas agrícolas y en pensar los modelos de un desarrollo a la escala de lo humano y en la herencia que le es propia a un Continente rico en biodiversidad y en una historia milenaria de adaptación y desarrollo de cultivos.

 

10. Que ingenieros agrónomos y pensadores que no participan de los debates propios de la izquierda marxista, pero que desde hace muchos años llevan la delantera en todos los grandes debates habidos sobre los modelos de la agricultura industrial y que han dedicado su vida a la capacitación y a la transmisión de conocimientos, no hayan sido convocados a participar de aquella experiencia, nos ayuda a entender las prioridades y también los límites de quienes la organizaron, así como la necesidad imperiosa de avanzar nosotros en un proyecto de diferente tipo, un proyecto capaz de recobrar otras miradas, de pensar tanto lo global cuanto lo local, de dar primacía a una visión ecológica y a una agricultura con capacidad de reparar los ecosistemas y de incluir la conservación de la Biodiversidad como tema prioritario. En definitiva, que lo que deberíamos proponernos es buscar modelos agrícolas que sean capaces de generar desarrollos locales, que arraiguen familias en la tierra, y que posibiliten la recuperación de patrimonios genéticos y culturales.

 

11. Tal vez el buscar y relevar esos proyectos a lo largo del continente y destacar sus líneas comunes a fin de transformarlos en paradigmas de una agricultura mejor, no sea lo más difícil ni importante. Quizá lo más delicado sea fundamentar las razones por las que se justifica el esfuerzo de innovar y de buscar la originalidad del desarrollo propio, basado a su vez en las tradiciones y en los modos de pensar en América. Esto nos conducirá a una revalorización de la Cultura como manifestación de la identidad en el marco de los horizontes simbólicos dados. Rodolfo Kusch, un pensador americano ineludible para repensar lo americano, decía que lo europeo y en especial su filosofía, y al decirlo incluía lo norteamericano que es un transplante de Europa en América; decía entonces que, “la filosofía europea, es un indagar constante por el Ser, a la vez que una enorme incapacidad por reconocer el propio Estar, extraviado a lo largo del desarrollo de su historia”. También decía que: “lo americano en cambio, era un prolongado permanecer en el Estar sin que se nos permita alcanzar el propio Ser”. Lograr definir el propio Ser en el estar siendo del Estar de América, sería para nosotros lograr desentrañar esos modelos originales y definirlos. Esos modelos deben surgir desde el estar del campesino y del indio americano y desde su instalación existencial en el suelo de América, y el trabajo de indagación que nos debemos es tan solo para encontrarlos, destacarlos y a lo sumo explicarlos.

 

Jorge Eduardo Rulli