Jorge Rulli  (GRR)


DEFINIR AL PROGRESISMO

 ¿Correlato Político al modo extractivo?

 

 

1.     Necesitamos con urgencia lograr definir a los regímenes progresistas de América Latina. En particular, necesitamos definir al “kirchnerismo”, sus relatos y simulacros en la Argentina, así como a sus procesos similares o parentales en el continente.  Definirlos es, también, el modo de poder entenderlos y entenderlos es el camino para recuperar las conciencias hoy enajenadas, y de esa manera, poder combatirlos y generar alternativas a las modernidades tardías que nos proponen... Nos lo planteamos con urgencia, teniendo en cuenta que estos procesos de nueva Colonialidad en curso, no encuentran actualmente mayores resistencias en el campo del pensamiento de izquierda, y porque muchas de las luchas de los movimientos sociales al equivocar la estrategia y plantearse solamente objetivos limitados o específicos, no hacen paradójicamente, sino fortalecer y mejorar los sistemas de dominio. Consideramos, además, con preocupación, que los próximos gobiernos progresistas, pueden ser aún más audaces en sus retóricas y en su capacidad de confundir y de montar simulaciones, profundizando de esta forma las actuales dependencias.

 

2.     En esta tarea de definir y delimitar al progresismo para poder entenderlo, nos encontramos con una cantidad de improvisaciones teórico-interpretativas en danza, a las que podríamos acusar de candidez, y también, de confundir los deseos con la realidad.  En oportunidades, contraponiendo el progresismo al neoliberalismo de los años noventa, se lo ha respaldado desde sectores de izquierda con excesiva generosidad,  sobrevaluándolo, y considerando una cantidad de características negativas que les son connaturales, como meros aspectos secundarios o accesorios, que podrían ser corregidos. La propensión a “comprender” o sea, a ser indulgentes con los nuevos regímenes progresistas por parte de muchísimos intelectuales y antiguas militancias, tiene raíces sentimentales o emotivas, que provienen, en gran medida, de los gigantescos fracasos no asumidos de la izquierda en los años setenta y del consiguiente horror de las dictaduras militares a las que los desvaríos ideológicos allanaron el camino, bajo la convicción entonces vigente de que, las cosas…“cuanto peor mejor…”. Hubo necesidad de convencerse, que aquella generación marcada por una geografía incontable de intentos guerrilleros frustrados a lo largo y ancho del continente, podía consolarse en el devenir de la historia soslayando la autocrítica necesaria. Recordemos aquel texto, “Revolución en la revolución”[1], del que hoy nadie se hace cargo y que fuera el libro oficial del paradigma castrista y el origen de tantísimos fracasos de aquellos años, fracasos que significaron cientos de muertes jóvenes y heroicas pero inexplicables desde el punto de vista de la estrategia… Hubo asimismo, necesidad de pretender que, esa misma generación, que guardaba serias dificultades para diferenciar las derrotas de los fracasos, podía ejercer sin embargo, el Gobierno de sus países de una manera emancipatoria para sus Pueblos. La plataforma ideológica que reemplazó el antiguo paradigma de Patria o Muerte, ha sido “el posibilismo”…

 

3.     Según el periódico La Vaca, la definición del Progresismo podría ser la que sigue. Utopía irrealizable que se presenta como algo posible y viable. Básicamente, el progresismo pretende ser la cara seria, realizable y con posibilidades reales de llegar al poder, que tiene la izquierda. O, dicho de otro modo, lo más a la izquierda que puede tolerar la sociedad como fuerza capaz de gobernar un país. Pero es tal la cantidad de gente que se asume como tal, que el papel del progresismo, a diferencia de la izquierda más pura y dura, queda un poco desfigurado. Sin embargo, es cierto que el progresismo ha llegado varias veces al gobierno, como también es cierto que el progresismo se ha diferenciado (y mucho) de la izquierda. Tanto se ha diferenciado que lo que resulta más difícil hoy es saber diferenciar al progresismo de las posiciones más conservadoras, reaccionarias o ligadas tradicionalmente más a expresiones de derecha. Y esto no ha sucedido porque la derecha haya tomado discursos progresistas, sino más bien todo lo contrario. Aunque es justo aclarar que todo esto sería cierto sólo de comprobarse que aún existe algún vestigio de posicionamiento ideológico entre las fuerzas políticas que actúan en el país y en el mundo. Cosa que resulta cuanto menos muy dudoso...” [2]
Digamos que, a nuestro modesto entender, la Vaca, editada en Bs. As., es una publicación imprecisa en su relación con el progresismo, aunque siempre notablemente lúcida y por ello mismo valoramos sus opiniones como referenciales.  

 

4.     En realidad, a nuestro criterio, los regímenes progresistas no serían más que la expresión política de nuevas y enmarañadas colonialidades.  Serían un correlato de gobiernos funcionales a los modelos de agro exportación, en épocas de mercados globales, de creciente poderío de las Corporaciones transnacionales y del ascenso de China como nueva potencia y fábrica del mundo. Gobiernos de gerentes y administradores, en definitiva, en que las llamadas “izquierdas” asumen las tareas que anteriormente habían desarrollado las “derechas”. Somos conscientes que para muchos no será fácil admitirlo.  Durante años han comprometido sus vidas en el empeño desesperado de mejorar proyectos que nacieron con destinos fijados por el Poder transnacional y donde los ropajes políticos y los discursos que apelaban a las memorias de tiempos  pasados, fueron también, parte del gran engaño… Pero, así como fuera un desafío para Rodolfo Walsh, lo sigue siendo para muchos de nosotros, desentrañar qué cosas ocurren a nuestro alrededor y comprenderlas…”El campo del intelectual es por definición la conciencia. Un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante, y el que comprendiendo no actúa, tendrá un lugar en la antología del llanto, no en la historia viva de su tierra”.[3]

 

5.     Creemos que la liquidación o fracaso de los paradigmas de época y la vigencia o hegemonía de nuevos pensamientos como la ecología, a los que no se alcanza a comprender, aportan, al anonadamiento de una generación que, actualmente participa o respalda a ese progresismo en el gobierno. El agotamiento del último gran paradigma revolucionario que marcó profundamente a nuestra generación, nos referimos a la Revolución Cubana y a la lucha del Che Guevara, coincide con los inicios de la Globalización, cuando David Rockefeller acuerda con Mao los primeros traslados de fábricas de Occidente a China para aprovechar la mano de obra más barata y los recursos ambientales todavía limpios con que allí se contaba. Hoy en esa generación tan fracasada como derrotada, el horizonte revolucionario ha desaparecido y solo queda el cansancio y el posibilismo. 

6.     El teórico brasileño Francisco de Oliveira arriesga una reflexión que denomina “gramsciana”, a propósito de los gobiernos progresistas y de estos esfuerzos nuestros por delimitarlos....  “Tal vez, dice él, [4]estemos asistiendo a la construcción de una hegemonía al revés, en que, mientras las clases dominadas toman la “dirección moral” de la sociedad, la dominación burguesa se hace más descarada. Las clases dominadas en Sudáfrica, que se confunden con la población negra, derrotaron al apartheid, uno de los regímenes más nefastos del siglo XX… Y el gobierno sudafricano oriundo de la caída del apartheid, sin embargo, se rindió al neoliberalismo. Las favelas de Johanesburgo no dejan lugar a dudas.  Así, la liquidación del apartheid mantiene el mito de la capacidad popular para vencer a su temible adversario, mientras legitima la desenfrenada explotación por el capitalismo más impiadoso…”[5] 

7.     Estamos probablemente, incursionando en los inicios de un nuevo campo de la reflexión y de la comprensión de los problemas. Problemas que reconocemos como de una enorme complejidad y que para afrontarlos, nos obligan a revisar las experiencias y bagajes teóricos acumulados en el último siglo y medio de desarrollo de pensamientos y de categorías con que nos manejamos habitualmente, y que, a menudo, descubrimos como equívocos cuando no inservibles.  Que no es nada sencillo resolver los actuales desafíos, dan prueba la gran cantidad de teóricos e intelectuales que repetidamente y a lo largo del mundo, desbarrancan con su apoyo a regímenes progresistas que enmascaran y encubren procesos de extractivismo explícito, así como de franca neocolonización. Les cuesta comprender a esos intelectuales, los nuevos riesgos que implican para el pensamiento los relatos y los simulacros. De hecho, ellos también y por su propia historia, parecieran priorizar lo que se dice de la realidad por sobre la realidad misma, y aceptan los retos actuales del progresismo modernizador y neo desarrollista, en el sentido de dar los nuevos combates en el campo de la retórica, y por ello mismo en el terreno de la propiedad de los grandes medios periodísticos.  Dice Eduardo Gudynas en Rebelión “…Para romper ese cerco colonial, una mirada crítica en clave latinoamericana siempre debe estar anclada en las circunstancias nacionales y locales (tiene que ser enraizada), debe atender las implicancias ambientales (tiene ser que ecológica), obligatoriamente debe incorporar y dialogar con los pueblos originarios (tiene que ser intercultural), y debe alumbrar ideas y prácticas de alternativas al desarrollo (tiene que romper el cerco de la Modernidad).   [6] 

8.     Un camino que probablemente nos ayudaría para el  esclarecimiento, sería el de poder debatir entre nosotros. Pero, lamentablemente el debatir no suele ser nuestro fuerte, o acaso hemos sido entrenados por el mismo sistema para no dialogar, y de esa manera, ser incapaces de generar pensamientos en común.... En la Argentina se llega al extremo de confundir usualmente la discusión con el diálogo o con el debate, sin percibir las diferencias.  Tendemos naturalmente de esa forma a imponer nuestra voluntad sobre el adversario, y cuando carecemos de argumentos, nos replegamos para hallar nuevas armas con que mantener nuestras posiciones, no para reflexionar y cambiar los esquemas de pensamiento que demostraron en el debate habido que no podían sustentarse. La izquierda nativa particularmente, ha heredado tradiciones autoritarias difíciles de remover, y se debería reconocer que, si los propios rusos no hubiesen publicitado los genocidios practicados por el estalinismo, todavía estarían nuestros comunistas nativos endiosando al padrecito Stalin…. Y mejor no hablar del trotskismo y del modo en que su referente resolvió el tema de la disidencia y en particular el desafío de rebeldías populares como la de los marineros soviéticos de la fortaleza de Kronstadt, en el Báltico[7]Nos dice con agudo sarcasmo el español Pérez-Reverte…Toda discrepancia te sitúa directamente en el bando enemigo. Sobre todo en materia de nacionalismos, religión o política, lo que no toleramos es la crítica, ni la independencia intelectual. O estás conmigo, o contra mí. O eres de mi gente -y mi gente es siempre la misma, como mi club de fútbol- o eres cómplice de la etiqueta que yo te ponga. Y cuanto digas queda automáticamente descalificado porque es agresión. Provocación. Crimen." [8] 

9.     Esa izquierda desprovista hoy del ideario revolucionario, continúa siendo leninista o gramsciana en buena medida, por apego al Poder y a las estrategias para acumularlo.    Lamentablemente no ha sido la izquierda capaz de plantearse el gran tema del poder, y de esa forma no ha sido capaz tampoco de interrogarse sobre una de las principales  razones de sus reiterados fracasos. Todo lo contrario, parecería ser la derecha histórica, tal vez por haberse quedado sin proyectos y sin discursos, la que  a través de las empresas y de las burguesías, habría aceptado ser reemplazada en sus tradicionales funciones de servir al sistema Capitalista. Tengamos en cuenta que esta izquierda marxista hoy devenida meramente progresista, formó sus cuadros en los años sesenta en adelante, con los manuales aprobados por la URSS o acaso por los comunistas cubanos.  A principios del milenio, ayer nomás, pudimos comprobarlo en persona, y ver cómo “Los conceptos elementales del materialismo Histórico” de la chilena Marta Harnecker, [9]era utilizado como libro de cabecera de los estudiantes de la Vía Campesina, muchos de ellos  indígenas. Abundaban en las aulas de la escuela según recordamos, las madres con el bebé en la espalda, en la Escuela de formación política del MST, el Movimiento de los Sin Tierra en Brasil…[10] Nos preguntamos ahora qué les ha quedado a esa generación de su formación marxista, cuando ya no existe un proyecto de Revolución, e inclusive, cuando el concepto ha desaparecido del universo del pensamiento latinoamericano. Nos respondemos, que lo que ha quedado, es el enamoramiento por las fuerzas productivas y un marxismo que protegiéndose en las memorias de Gramsci se refugia en las luchas culturales y en las justificaciones contra hegemónicas, cuando no sencillamente en las disputas mediáticas o retóricas. 

10. Sería para esa generación el Estado, la matriz aglutinante de los cambios socio-estructurales que se proponen.  Pero, estaríamos ante una variante neoleninista del Estado, ya no  orientada  hacia un Estado transformador y decisorio como fuera en la etapa de los nacionalismos revolucionarios, sino a  su ahora mera presencia como regulador  y mediador  con la llamada sociedad civil. En el campo de la cultura  esta impronta  nos ha llevado de las creaciones de la cultura popular  a la que hoy se denomina “industrias culturales”, y de los imaginarios simbólicos que realimentan  el horizonte de la cultura de masas a la llamada ”producción de contenidos”. El Estado progresista, un Estado que ahora se sujeta a lógicas empresariales, programa la “Agenda Cultural”  asiduamente volcada a los mega encuentros,  festivales  y exposiciones que  amplifican los logros  del gobierno en inmensos escenarios híper tecnificados. Por otra parte,  es relevante el papel de los llamados “intelectuales orgánicos”, que  construyen los relatos de época y elaboran los discursos oficiales, no ya desde la difusión de las épicas revolucionarias, sino desde la exaltación de los retoques y reformas  influidas por un posibilismo extenuante  y un resignado ”es lo que hay en esta etapa”. Ya no se habla como en los años setenta de revoluciones inconclusas ni de cambios en la matriz del poder, ahora, únicamente, refieren a  “reacomodamiento de los espacios de intervención”,  o también de “aceptar los consensos democráticos”, brillantes consignas progresistas que encubren las pulsiones y negociaciones corporativas en la dura realidad de un país neocolonizado. No parecen, sin embargo, haberse abandonado algunas consignas y críticas antiimperialistas, pero ahora esos discursos son emitidos desde posiciones que han hecho propios los presupuestos de la modernidad que antes expresaban los EEUU. De esa manera se continúa  declamando las injusticias en las relaciones norte sur, pero se acepta resignadamente la creciente influencia  de los nuevos colosos como China y Brasil en las relaciones sur sur, y se acentúa la dependencia financiera y la matriz extractivista. 

11. En “Cantes de ida y vuelta”, los sociólogos Giuseppe Cocco y Raúl Sánchez aproximándose en Brasil a las definiciones que nos proponemos, nos dicen que: “…Lo que caracteriza los “límites” de los gobiernos progresistas de América Latina no son los compromisos con el “extractivismo”. Desde luego, el extractivismo es una de las características fundamentales del capitalismo en todo el subcontinente y los gobiernos, que eran “nuevos”, tuvieron que negociar y aliarse precisamente con esos viejos intereses. Pero no es esto lo que define la especificidad de los ensayos de políticas económicas. Por el contrario, el agotamiento de los nuevos gobiernos y la crisis vinieron de resultas de los intentos de salir del extractivismo. En el caso brasileño esto aparece claramente: en vez de apostar por la radicalización democrática y por los procesos, el PT y Lula solo creen –como la propia elección de la figura de Dilma lo demuestra- en el Estado y en el Gran Capital. Así, pues, no hubo ninguna ruptura del extractivismo ni ninguna aceleración del cambio, antes bien, hubo una profundización de la inserción en las dimensiones mafiosas del capitalismo contemporáneo y de sus formas de control de territorios y del Estado. Los yacimientos de acumulación del capitalismo cognitivo en Brasil están en las metrópolis y se refieren a la movilización de los pobres como pobres: un trabajo del pobre que ya no pasa, previamente, por la relación salarial. Lejos de pensar en reconocer –por la radicalización democrática- la potencia productiva de nuevos valores, el PT de Lula y Dilma tan solo se juntaron con las viejas y nuevas mafias mediante las cuales el capitalismo cognitivo captura la excedencia producida en los territorios. La mafia neodesarrollista (de los grandes contratistas de obras públicas) se fue juntando con la mafia oligárquica del agronegocio y con las mafias difusas que controlan los territorios productivos de las metrópolis, en una orgía improductiva que solo crea segregaciones urbanas, profundiza las desigualdades y dispara la inflación…" [11] 

12. Si bien podría quedar pendiente quizá, una polémica respecto a las correlaciones del progresismo con las políticas extractivas tal como lo plantean Cocco y Sànchez, ya que en algunos casos, los líderes progresistas habrían heredado estos modelos de los gobiernos neoliberales que los precedieron en los años noventa, es verdad también, que, profundizaron esos modelos extractivos y agro exportadores, y en todos los casos lo aprovecharon para sus políticas de acumulación de poder, y por las inmensas rentas que esos modelos les posibilitaron, tanto para sus planes sociales de asistencialización masiva de la pobreza, cuanto para instaurar un Capitalismo de amigos. Y no podemos olvidar cuando relacionamos el progresismo con  el extractivismo, las necesidades insaciables del coloso chino a las que el progresismo pareciera adaptarse con simpatías ideológicas y de modo funcional, necesidades tanto de materias primas como de comodities.  De todos modos, surge de estas reflexiones de Cocco y de Sánchez, características que reconocemos y que se impondrían como fundamentales en los progresismos, nos referimos al trato a la pobreza o tal vez mejor, la relación manipuladora y de sometimiento a los sectores más humildes, que se practica bajo simulacros retóricos encubridores y de izquierda. A lo largo de todo el continente se multiplicaron de ese modo, diversas políticas asistenciales, muchas veces como en la Argentina auspiciadas por el Banco Mundial, que no fueron nunca en definitiva, destinadas a resolver el gran tema de la pobreza o del conflicto social, sino que se proponían simplemente administrarlo.  

13. En la Argentina el masivo despoblamiento del campo y la multiplicación de enormes conurbanos en todas las grandes capitales, configuró el escenario necesario y propicio, tanto para el asistencialismo, cuanto para el clientelismo y el desarrollo de las redes de la droga y del narcotráfico, arraigado ahora fuertemente en las nuevas barriadas. Varias reflexiones y comentarios merece la situación que configura esta nueva pobreza asistencializada por la izquierda progresista, una situación que va a naturalizarse en la Argentina posterior a la gran catástrofe social de finales del 2001 y que va a alcanzar en el presente la impresionante suma de más de dieciocho millones de personas dependientes de planes sociales o pensiones. En primer término, digamos que al visualizarse en aquellos años, como cuestiones prioritarias lo que no era sino la mera consecuencia de la aplicación de un modelo económico, lo que se logró fue que las víctimas aportaron a su propia condena histórica. La izquierda que condujo los innumerables piquetes de desempleados en los años 2002 en adelante, reclamaba subsidios y lugares en las periferias urbanas donde levantar viviendas precarias para los desocupados, pero nunca planteaba volver a la situación precedente de la que los desplazados y desarraigados del campo provenían…  

14. Digamos apropósito de esa inmensa masa de asistencializados y cautivos políticos que genera el progresismo, cautivos tanto por el Estado como por las estructuras político partidarias del oficialismo, que resulta difícil imaginar que pueda existir en ese contexto, una Democracia que merezca ser reconocida como tal.  En estas condiciones resulta previsible por lo demás, tal como viene ocurriendo, que el sistema se reproduzca tanto en adherentes como en lógicas internas, de manera cada vez más regresiva y autoritaria, tendiendo a fragmentar la sociedad hasta el aislamiento total del individuo. A ese individuo aislado, se lo triturará paulatinamente en su conciencia y en su dignidad hasta límites inconcebibles, tanto con la acción desembozada de los punteros, como con la ingesta de comida chatarra, los programas estupidizantes de la TV basura y también, con la creciente contaminación ambiental y moral del entorno urbanizado, condiciones en que, necesariamente transcurre su  existencia.  

15. Debemos añadir que, pareciera ser característica del sistema progresista, no solo la manipulación de la pobreza sino algo que resulta más grave, nos referimos a la manipulación de la conciencia social de todo el pueblo pero particularmente, de los sectores más empobrecidos y dependientes del asistencialismo tanto como del clientelismo electoral. Equipos de auténticos “monjes negros” que se manejan con las concepciones setentistas  en cuanto a diferenciar Gobierno de Poder y supeditar los medios a los fines, hechiceros que se denominan a sí mismos en la Argentina como Mesa Chica[12], operan por detrás de las más altas investiduras y son los que deciden las estrategias y las políticas sociales, tanto como el modo en que se opera y se conforma a los enemigos según las propias necesidades. Cuando refieren a estas manipulaciones que, gracias a la capacidad del Estado botín se implementan a escala casi industrial, ellos las caracterizan como “ingeniería social”. Según nos explica el filósofo Alberto Buela, ya no se trataría entonces de operar sobre la conciencia del individuo, sino que la ingeniería social operaría sobre el ethos, es decir, sobre el conjunto de rasgos y modos de comportamiento que conforman el carácter o la identidad de una comunidad. Inevitablemente esas operatorias conducen a los pueblos a un cierto extrañamiento de sí mismos, que es lo que estaría ocurriendo y lo que estos sectores progresistas y modernizantes tardíos se propondrían, al pretender refundar una historia y una política desde los propios intereses de clase que ellos expresan…

 

16. La aceptación y hasta una insólita preferencia hacia los productos de la Biotecnología por parte de amplios sectores medios argentinos, ha sido notoria, desde el principio mismo de la instalación en el país del modelo de sojización transgénica. Esa aceptación que se suma a la indiferencia, no ha tenido parangón en un mundo donde se extienden los temores sobre las consecuencias de la ingesta de OGM o de sus efectos sobre la Biodiversidad.  No fueron en la Argentina precisamente las empresas de Biotecnología las que en los años noventa implementaron las primeras políticas a favor de las semillas transgénicas, sino que fueron jóvenes provenientes del llamado peronismo revolucionario o de la izquierda, quienes, con la democracia retornaban del exilio, o provenían de las prisiones militares y de años de ostracismos políticos, y que se hallaban ansiosos por aplicar modernizaciones y avances tecnológicos en la agricultura argentina. De manera similar a como ocurriera en Brasil con Lula y el PT, en la Argentina y siguiendo el ejemplo de Cuba y su abierto respaldo oficial a la Soja y a los OGM, habrían sido los cuadros de la izquierda setentista y particularmente muchos provenientes del viejo Partido comunista[13], los que decididamente empujaron las nuevas políticas a favor de la Revolución verde, de los cultivos a gran escala con uso intenso de agrotóxicos, así como su complemento necesario, el de las semillas transgénicas. Han transcurrido casi veinte años y a pesar de las innumerables campañas habidas en contra de la empresa Monsanto y el cúmulo de evidencias que nos alertan acerca del riesgo cierto de los OGM sobre la vida de la especie, aquellas posiciones no se han modificado. Lo que ha hecho en cambio, cierta izquierda en el Gobierno progresista es proponer que, si acaso el punto de resistencia es la empresa Monsanto, la solución sería que se la quitara de la cadena y que fuese el propio Estado el que impulse una Biotecnología nacional[14]. No solo es una excusa o un subterfugio para continuar haciendo lo mismo, sino que, una vez más se repite, tal como en otros países de América Latina, aquella postura de rechazar la Modernidad que otros nos proponen, pero habiendo primero hecho propios sus presupuestos y creencias. En definitiva, según ellos, podemos llegar a cuestionar las prácticas de las empresas transnacionales, pero imitamos o reproducimos sus tácticas y sus tecnologías….[15]Me pregunto sino será este el nudo interno que mejor podría caracterizar el modelo que a lo largo y ancho de América Latina ha producido estos diversos pero semejantes correlatos políticos que denominamos progresistas?

 Jorge Eduardo Rulli

GRR. Octubre de 2015

 

 

[13] Mentaberry jefe de gabinete del Ministro de Ciencia y Tecnología. http://el-galo.blogspot.com.ar/2015/10/otro-anticipo-de-el-laboratorio-mi.html