ZOONOSIS, SALUD PÚBLICA Y AVANCE LA FRONTERA AGROPECUARIA

 

En los últimos días de 2005 la Dra. Lilian Joensen, bióloga molecular, investigadora de la enfermedad de Chagas y miembro del Grupo de Reflexión Rural, fue invitada a disertar en un Seminario en el Instituto Nacional de Parasitología "Dr. Mario Fatala Chabén" ( http://www.anlis.gov.ar/inp/indice.html ).

Participaron del mismo el Director del Instituto, investigadores, técnicos y estudiantes. Finalizada la proyección de la película 'Hambre de Soja', que se utilizó a fin de promover la discusión y el debate, y luego de algunos comentarios, tomó la palabra el Dr. Oscar Daniel Salomón, investigador de enfermedades zoonóticas quien comenzó a relatar sus experiencias recogidas en los innumerables viajes de trabajo durante más de 25 años por las doce provincias del norte argentino.

 

Sus reveladores comentarios nos movieron a solicitarle una entrevista que fue filmada en video por Claudia Nose,  del área de Docencia del Instituto Fatala Chabén.

La entrevista, que transcribimos a continuación, además de confirmar los múltiples impactos de los monocultivos y del avance de la frontera agropecuaria, que como GRR hemos venido denunciando en los últimos años, agrega un nuevo aspecto que no habíamos abordado en profundidad: el Modelo Agroexportador es mucho peor si se lo mira desde la perspectiva de la salud publica y del costo que ello implica para el Estado.

C.A.  

 


 

Lilian Joensen: Te podés presentar?

 

Daniel Salomón: Mi nombre es Oscar Daniel Salomón. Soy Director del Centro Nacional de Endemo-Epidemias, de la Administración Nacional de Laboratorios de Salud, del Ministerio de Salud y Ambiente de la Nación. Soy epidemiólogo y entomólogo. Trabajo en  eco-epidemiología, en el impacto que tienen las modificaciones ambientales en las enfermedades transmitidas por vectores, especialmente Leishmaniasis y Chagas que son las que más nos interesan en este momento.

 

L.J.: Podés contar otra vez, lo que contaste el otro día luego de que yo pasara la película "Hambre de Soja" en el Fatala, con lo que me superaste largamente y me dejaste anonadada.

 

D.S.: En los últimos cuatro o cinco años el cambio de paisaje en la Argentina fue nítido y emblemático. Por trabajo, hace veinticinco años que caminamos doce provincias del norte argentino, y en ese período vimos varios cambios de paisaje. Vimos la desindustrialización del campo y vimos la pauperización del campo. Ahora vemos un resurgir abrupto de modos de producción que, en el mejor estilo tradicional, solamente producen y reproducen un sistema de pobreza comunitaria. Y desde el punto de vista de nuestro trabajo, la salud pública, la enfermedad también termina siendo causa y consecuencia de esa pobreza. Este cambio se debe explícitamente y en lo más visible a la instalación del monocultivo de la soja, o si las condiciones lo permiten un ciclo de trigo y soja anual. La soja así ocupa la mayor parte del primitivo territorio agrícola-ganadero, y avanza sobre terreno virgen acarreando deforestación intensiva y pauperización de la tierra. Se produce  de esta manera una acumulación y concentración rápida de capital, donde los excedentes nunca llegan al trabajador rural hoy desocupado, absolutamente pauperizado, y con la cara más evidente de la pauperización, el hambre en lugares donde existe aún una enorme riqueza de la tierra. A su vez, los sistemas que usualmente trabajaban en información y extensión agrícola, como empiezan a vivir de lo que generan las retenciones de la exportación, estimulan estos cultivos y dejan de promover los planes de cooperativas o economías de subsistencia. Se promociona fundamentalmente todo lo que genera excedente mercantil, todo lo que genera riqueza de reservas financieras  a corto plazo y que usando la terminología de la CEPAL, debido al deterioro de los términos de intercambio no regresa de ninguna forma útil. No se ven políticas, no digo que no existan, sino que no se ven o no se instrumentan políticas a largo plazo. No se le puede pedir a una gran empresa, a un productor industrial, ni a un latifundista que no persiga ganancias. Lo que tiene que haber es un marco legal que las limite o las redistribuya.

 

En ese sentido, lo que a uno le genera más temor del modelo es que así como en los 90' en la Argentina se creó todo un sistema de aparente resurgimiento que se basaba en la venta de empresas nacionales, ahora se está generando un sistema basado en las retenciones a la exportación, en commodities,  que no crean ningún tipo de proyección sustentable interna. Estructuras y estrategias económicas, como las construidas a partir de los combustibles del sur argentino, en base a commodities, ahora replicadas en el modelo soja. Pero como el excedente solamente retorna en forma de paternalismo distributivo, en el momento que se retira ese aporte del estado cae todo el sistema  porque no se invirtió en ninguna fuente de recursos legítimos.

 

Por otra parte hace muy poco vi en Iguazú, por primera vez con certeza, huertas como fuentes de subsistencia suficientes,  siempre considerando la buena calidad de la tierra involucrada y el área apropiada ocupada por cada familia. Pero lo importante es que en estas condiciones son capaces  de producir autosuficiencia alimentaria con un pequeño excedente de productos, para el intercambio o compras en el mercado. No propongo un país de subsistencia, pero en la emergencia nutricional si se creara un sistema de explotación animal y vegetal en minifundios con medios de producción distribución o de comercialización cooperativos, adaptado a cada zona, no tendríamos que estar creando sopas mágicas con multi nutrientes cuando esa variedad de nutrientes se da naturalmente a partir de la tierra. Pero si se opta por un sistema donde todo un país se dedica a un monocultivo, y toda la estructura económica esta sustentada solamente en las retenciones a la exportación de ese cultivo, bueno, se está creando un círculo vicioso muy frágil, con apariencia de crecimiento a corto plazo.

 

Pero una cosa es muy evidente, para todo el que ha recorrido el interior, que en todas estas zonas donde se ve este resurgimiento económico a través de la soja o de algún otro monocultivo eventual que aparezca, no hay goteo hacia los pobres. Pero si hay una tecnificación muy intensiva y una dependencia absoluta de insumos, como ocurrió durante el pretendido milagro de la revolución verde. La revolución verde, como ésta, no está aumentando los nutrientes disponibles en el mundo, sino que fomenta dependencia a los insumos e incrementa las ganancias vía commodities para empresas y latifundistas.

 

L.J.: Ahora, relacionado a tu especialidad, es decir la biología y a la Leishmaniasis en particular, contaste el otro día un montón de historias que no se si podrías volver a contar otra vez.

 

D.S.: La Leishmaniasis es una enfermedad muy asociada a la vegetación original, o cuando ya se deforestó y hay bordes e islas de monte o de selva todavía intactos, o en la llamada vegetación secundaria donde volvió a crecer la vegetación en forma salvaje después de la intervención humana. Con una tendencia muy importante en todo lo que es Latinoamérica hacia la urbanización de la enfermedad. Es decir que esas enfermedades que eran de la selva, pasan hoy a instalarse alrededor de la ciudades o alrededor de los pueblos. Sobre todo porque este proceso viene acompañado de una migración muy intensa a los centros urbanos, ya no sólo a los centros urbanos más importantes sino también a los centros urbanos más próximos, con un crecimiento demográfico completamente desordenado. Y se produce así en lo ecológico y en lo cultural una urbanización de la vida rural, pero también  una ruralización de lo periurbano.

 

Esta situación aumenta muchísimo la exposición a la Leishmaniasis ahora en una población humana antes dispersa y ahora concentrada en pequeñas áreas de alto riesgo. Pero a su vez la pobreza y las deficiencias sanitarias de estos peri urbanos desordenados está relacionada con deficiencia nutricional,  con deficiencia inmunológica, lo que lleva a tener expresiones clínicas más graves de Leishmaniasis. A tal punto que en muchos lugares, no de la Argentina, pero del mundo con otras formas de Leishmaniasis, se está evaluando el costo-efectividad  de dar al mismo cura terapéutica y un suplemento  alimentario a la familia con un niño enfermo.

Por otra parte, la deforestación descontrolada, genera brotes de Leishmaniasis  al aumentar la exposición del hombre a los insectos que la transmiten, en zonas donde se encuentran los animales silvestres que actúan como reservorios del parásito. Sin embargo en esta situación lo usual es que el trabajador, el hachero o abriendo huellas, no tenga protección legal pues el trabajo se hace mediante contratistas que a su vez subcontratan,  que a su vez sub-subcontratan, y así hasta que se diluye la responsabilidad. Estos trabajadores viven en los frentes de deforestación, en condiciones muy precarias, completamente expuestos. Y con este último aluvión de la soja, lo que hemos tenido es un golpe final y brusco de deforestación, no en hectáreas totales porque se viene deforestando desde hace un siglo, sino en las hectáreas remanentes de bosques nativos.. Realmente se está quedando sin deforestar sólo las tierras que no son económicamente redituables para deforestar, todo lo demás se está deforestando. Y es tierra que durante el primer cultivo después de la deforestación es muy rica, pero como buena tierra de selva deforestada es tierra muy suelta, entonces es muy probable que en uno o dos años se lave completamente, y aunque la deforestación ocurra en el límite entre Argentina y Bolivia o en la frontera entre Argentina y Paraguay, esa tierra va a terminar como sedimento en el Río de la Plata después de un par de temporadas de lluvia.

 

A su vez animales emblemáticos y no emblemáticos de los conservacionistas se están concentrando en las islas de bosque residual,  en las áreas que como decía antes no son redituables, como los lugares con pendientes. Y ello obliga a muchos de estos animales a migrar anualmente en altura, hacia lugares más fríos o calientes conforme la época del año, más arriba o más abajo de la pendiente para escaparse de la presión humana. Asociados a la nueva fuente de alimento que es el monocultivo, pero refugiándose en el bosque remanente para evitar la exposición. Y eso hace que haya de pronto interacciones entre el ser humano y los animales silvestres mucho más intensas de lo que eran antes. En determinado momento del año los que se alimentan de cultivos pueden aparecer masivamente, en "ratadas" por ejemplo, y detrás bajan los carnívoros. Hoy es muy fácil ver a la mañana sobre el borde del cultivo en lo que era selva por ejemplo en la provincia de Salta, una enorme cantidad de huellas de agutíes, tapires, inclusive, de vez en cuando de yaguareté, osos hormiguero de banderas, especies en peligro de extinción que también quedan más expuestos a la actividad humana. Un contacto que era esporádico, ahora se vuelve un contacto intensivo y muchas zoonosis silvestres empiezan a ser importantes en la gente que trabaja en esos cultivos o vive alrededor de los cultivos. Y  el escenario aún empeora cuando las áreas urbanizadas van creciendo hacia el área de cultivo, mediante un  crecimiento desordenado, sin planificación, ofreciendo áreas densamente pobladas en condiciones de pobreza extrema, desnutrición y malas condiciones sanitarias

 

En Leishmaniasis este proceso ha sido muy claro, porque la Leishmaniasis en Argentina de tener 40 casos por año hasta la década de 1950, desde los 80' en los años inter-epidémicos registra 400 casos por año, y en los años epidémicos ha llegado a 1400 casos y sigue aumentando. Un fenómeno de re-emergencia debido a dos procesos, deforestación intensiva que va alterando las poblaciones silvestres, y transmisión peridoméstica de la enfermedad antes silvestre. Donde la deforestación en sí misma puede no ser la causa inmediata del brote de Leishmaniasis, pero si la alteración que la deforestación produjo en las poblaciones silvestres de animales reservorio y en la de los mosquitos que pueden transmitir o causar la Leishmaniasis. Y como decíamos, a su vez con un estado nutricional cada vez más deficiente de la gente. Por ejemplo en Formosa en el año 2001, ocurre un brote en el momento de la crisis económica del país, cuando mucha gente que solía cazar o pescar por recreación y secundariamente para subsistencia, pasa a hacerlo como la más importante fuente de subsistencia. Entonces aparecen muchísimas enfermedades también zoonóticas silvestres, porque ya no son 5 o 10 personas que van a cazar sino gente que regularmente se queda a la noche en el monte a cazar.

 

L.J.: Además de Leishmaniasis, que otras zoonosis encuentran producto de la deforestación.

 

D.S.: Hay zoonosis que aparecen cuando uno deforesta y deja una cortina sin deforestar, o fajas ecológicas como las llaman en algunas provincias, donde, como decíamos, se acumulan muchos animales. Uno de los animales que se acumula en las cortinas es el ser humano, porque también le gusta esa sombra. Allí la gente se instala a vivir, o bien descansa durante sus tareas cotidianas. El Hantavirus es una enfermedad que puede aumentar en los roedores concentrados en esas cortinas, y si roedor con virus en la orina pasó por un camino y alguna persona cruza ese mismo camino se crea una situación de riesgo frecuente. Sobre todo, si a su vez, tenemos cultivos, aunque sean los de siembra directa, que tienen una manta vegetal y de pronto rápidamente desaparece, eso genera "ratadas". Era común escuchar a los pobladores que viven alrededor o dentro de los cultivos de caña de azúcar, por ejemplo, que cuando queman la caña hay momentos que tienen que dejar la casa a las ratas por unos días, no hay mercadería que puedan acumular, ni fideos, ni arroz, porque las ratas arrasan con todo. Eso pasaba tradicionalmente con la caña, y sigue pasando con la siembra directa y la soja, generando un enorme riesgo sanitario.

 

No tenemos en este momento algunas enfermedades tradicionales que están asociadas a roedores, por ejemplo la peste bubónica, pero hay que recordar que en los Andes de Perú y algunas zonas de Bolivia reaparece la bacteria de la peste bubónica (Yersinia pestis), y que la deforestación está ocurriendo en nuestro remanente de la selva nublada andina, las Yungas. Entonces, no digo que vayamos a tener peste, pero que muchas zoonosis que se han mantenido como silvestres durante muchos años y que en la Argentina, por ejemplo, no estaban registradas, pueden reaparecer por este contacto intensivo con ratas silvestres. Tenemos hoy día, muchísimas enfermedades emergentes, que no sabemos cual va a ser su dimensión al entrar en contacto con poblaciones humanas. Tenemos las fiebres debido a Rickettsias como las fiebres maculosas, las fiebres manchadas, que pueden tener desenlaces fatales, y están asociadas a garrapatas que a su vez están asociadas a roedores. Hemos tenido casos en Jujuy. Han habido casos en Brasil, Bolivia y Paraguay. 

 

L.J.: Vos comentabas justamente que cuando pasabas a las zonas de cultivos te atacaban las garrapatas.

 

D.S.: Bueno, ha sido muy evidente con la aparición de monocultivos, donde se dan condiciones de explosión de poblaciones plaga. Por definición, las plagas generadas por el hombre aparecen cuando se le da oportunidad a un organismo que está en equilibrio para un crecimiento desequilibrado, y una de las oportunidades típicas de este crecimiento ilimitado son los monocultivos. En la medida que eliminan predadores y al mismo tiempo generan un paisaje uniforme y muy extenso como no existió nunca en la naturaleza. A mi me llamó la atención, justamente en una zona recientemente deforestada de Salta, que fui atacado por una cantidad tan grande de garrapatas como no me había ocurrido nunca, una zona de soja-trigo, en el momento de los trigales maduros. Inclusive, no es una zona pecuaria por lo que deben estar atacando los animales silvestres que van a comer la soja, como los agutíes. Y así pueden existir explosiones de ninfas de garrapatas en una zona próxima a la que ya tiene antecedentes de chicos muertos por una fiebre del tipo de las montañas rocallosas, de las fiebres manchada, en Jujuy

 

L.J.: ¿Cuándo fue esto?

 

D.S.: Se ha venido dando en los últimos diez años. Seis casos de niños  que vivían muy próximos entre sí con  "spotted fever" debidos a una  Rickettsia transmitida por garrapatas.

 

L.J.: ¿Y era cercana a esa zona?

 

D.S.: Fue en Jujuy, en Palma Sola y alrededores, departamento de Santa Bárbara, en un área parcialmente forestada. Pero todas las alteraciones que modifican tanto el suelo como los cultivos pueden generar explosiones plaga. En este momento, en otras áreas, hay explosiones del Pique, que es una pulga que se introduce en la piel de los pies o debajo de la uñas de los pies, y si no se trata las infecciones asociadas son tan graves puede llegar a generar mutilaciones. La abundancia de la pulga depende, entre otras cosas, del tipo de suelo y las condiciones climáticas, fuertemente asociadas a las estrategias de explotación y cobertura de la tierra, y a su vez de las poblaciones de roedores y animales domésticos que mantienen el ciclo cuando los humanos son tratados. De muchas de estas enfermedades, lamentablemente, al no tener un buen registro histórico, no podemos decir que hayan aumentado porque no sabemos cuánto había realmente antes. Pero si empezamos a tomar como indicio el comentario de los lugareños, aunque no haya registro,  sabemos que la gente lo "ve" mucho más que antes. Y esto es algo que ocurre desde Brasil, Paraguay y toda la zona paranaense argentina con un incremento en pulsos periódico de pique en relación a años de sequía. En muchas comunidades esto puede volverse un problema concreto de salud pública.

Entonces hay problemas, como decíamos, que no son intrínsecos y específicos de este proceso de la soja como soja en sí misma, sino que están relacionados más con la superestructura y estrategia económica, o con los monocultivos, que pasan  pero que dejan a su paso poblaciones altamente vulnerables. Por ejemplo desde el punto de vista de salud pública de pronto toda el agua de una comunidad es retirada para el riego comercial. Yo he visto desviar  ríos enteros, y comunidades que se quedan sin agua porque el río fue desviado  para un cultivo latifundista, aunque en los papeles se diga que es solamente un canal de irrigación que garantiza el agua potable para la población. Esto ha ocurrido desde siempre, pero ahora se hace más grave con cultivos que requieren riego permanente. Y no solamente en zonas desérticas transformadas en zonas de cultivo, como tradicionalmente en San Juan, Mendoza o Santiago del Estero, sino también en zonas que generalmente no tenían problemas de agua, sacando años de sequía, como puede ser en Salta. Y uno de pronto ve que un río entero ha sido desviado con todas las de la ley, dinamitando, haciendo lo que haga falta para obligarlo a cambiar de curso. Creando a su vez nuevos problemas en la cabecera que se va erosionando, se va corriendo hacia atrás por el cambio de altura del curso. Y un problema focal pasa a ser el problema de un grupo a distancia, desde las poblaciones aborígenes que se mueven con la pesca y de pronto se encuentran con grupos que pescan indiscriminadamente con dinamita,  hasta el grueso de la población que era de extracción rural y que hoy se encuentran viviendo en lugares sin trabajo, sin agua y sin posibilidad de hacer huertas, ni siquiera de subsistencia. Sin alternativas físicas, económicas ni culturales para hacerlas. No se las promueve, y en sitios donde no existe una tradición cultural de huertas aparecen entonces fórmulas mágicas donde se busca un supernutriente, como si lo que hiciese falta fuera reemplazar con soja los alimentos tradicionales. Inventar una sopa con supernutrientes o un yogurt mágico, y no explotar la diversidad de productos que ya existen en la zona, porque estamos hablando de zonas que normalmente producían una enorme variedad de frutas y verduras, que hacían mini explotación de caprinos, porcinos y gallinas.

(Daniel se para y muestra el mapa detrás de él).

 

D.S.: Aquí tenemos una imagen satelital de Salta, de la frontera con Bolivia, tanto el Departamento de San Martín, como el Departamento de Orán. Una zona que típicamente era de fincas, que eran las que producían las primicias de frutas y verduras para el resto del país. Primicias, porque hablamos del subtrópico y era donde aparecían las primeras cosechas en el año. Muchos de los cítricos y verduras como pimientos, berenjenas, ancos, venían de esa zona, por ejemplo de Santa Rosa, además de la zona tradicional de caña de azúcar. Una zona que estaba ya dedicada también a la exportación, porotos y pimientos para exportación. Hoy, sacando algunas áreas de caña de azúcar, casi todo lo demás está dedicado a la soja-trigo,  incluso los que eran  remanentes de vegetación original fueron deforestadas. Esta foto es del 2002. Hoy estas mismas imágenes van a encontrarse con muchísimas áreas deforestadas. Todo lo que se ve más claro son zona de cultivo hoy dedicadas a soja. La deforestación avanza hasta que llega a la zona no redituable porque ya la topografía del terreno no lo permite. En una zona donde solamente están perdonando las áreas de explotación petrolera, que a su vez también están deforestadas y con proyectos comunes agrícola-ganaderos y de petróleo.

 

Ha cambiado la legislación, teóricamente se generan proyectos de empresas para deforestar conservando corredores ecológicos, pero quizás lo más importante son las áreas con comunidades sin tradición de subsistencia mediante huertas, y que tampoco tienen acceso a un trabajo que les ofrezca dignidad humana. Así que sin recursos, terminan viviendo de subsidios alrededor de las ciudades, transformándose en empleados municipales sin trabajo concreto pero planes subsidiados por el estado, concentradnos en barrios periurbanos, también subsidiados por el estado.  Hay provincias del norte donde hoy el 80% de la población debe estar viviendo de la coparticipación federal, donde el que no trabaja en el sector servicios está trabajando para el estado nacional o provincial.  Y donde es muy raro todavía ver, como en Las Lomitas, Formosa, algunos aborígenes con los viejos planes pro-huerta del INTA, pero que eran los menos. Pero no era una pauta cultural generalizada, no todos tienen huerta o tienen la tierra suficiente para hacerla.

 

Creo que si existe un modelo debemos estar concientes de los alcances y riesgos del mismo, hay que verbalizarlo. Y estamos frente a un modelo en gran escala. Es impactante volver a Tucumán o Salta y ver cómo ha cambiado el color de los cultivos, del maíz, la calabaza o la misma caña de azúcar de Tucumán encontrar que hasta donde alcanza la vista por aire y tierra es todo soja o amarillo del soja-trigo. Uno toma conciencia del término monocultivo cuando ve hectáreas, hectáreas y hectáreas no solamente iguales, sino de bordes regulares, sin que quede nada del patrón de vegetación original. Desde el aire es una geometría que transforma el paisaje en una visión cubista, que violenta el paisaje, que lo ha obligado a esa estructura y patrones.  Quizás tampoco la vivienda dispersa o el rancho rural sean lo óptimo, ni que sean digno de conservarse. Pero si se eligió un modelo de país uno espera que queden en claro las ventajas y desventajas para todos, que sean democráticamente discutidas y el modelo democráticamente elegido.

 

Hay algo que en sus documentales lo expresan varias veces, y a mí también me preocupa, lo lejos que está la gente de la ciudad de ver toda esta modificación. Uno puede decir cambió el paisaje, y la gente no se da cuenta, parecería una conceptualización difícil de visualizar porque uno sigue viendo los mismos productos en las góndolas de los supermercados. Pero cuando uno empieza a recorrer, ese cambio de paisaje en pocos años, ese infinito de monocultivo es impactante.

 

L.J.: Cuando uno oye sobre el Foro de los 100 millones sustentables, que están proyectando expandir de 5 a 12 millones de hectáreas más todavía la frontera agropecuaria qué se puede decir.

 

D.S.: Uno, sin ser economista, por haber escuchado a los economistas, sabe perfectamente que el problema de la Argentina y el mundo es un problema de distribución, no de frontera agrícola. Cuando conté que en la Argentina en los 80' pasamos de los 40 casos a los 400 casos de Leishmaniasis, ese salto en los 80' se dio en todo el cono sur y yo diría que en toda América del Sur. Esto tiene que ver con una primera expansión de la frontera agrícola, después de la crisis del petroleo de los 70', después de los créditos fáciles de los 80' y que muchos países lo aprovecharon para hacer obra pública, la  carretera trans amazónica por ejemplo, o proyectos hidroeléctricos, todos proyectos que avanzaban sobre la frontera silvestre, las fronteras de vegetación primaria. Y no fueron exclusivamente proyectos agrícolas, también proyectos de industrialización. Hoy mismo se está hablando de un gasoducto que une Venezuela con la Argentina. Todos esos proyectos generaron los brotes de Leishmaniasis que conocemos. Y no recuerdo ninguna expansión de la frontera agrícola que haya significado más alimento para la gente. Significó sí una nueva redistribución de la tierra, normalmente en latifundios. Hemos tenido así históricamente la expansión hacia el sur en la Argentina en la Campaña del Desierto, hemos tenido una expansión hacia el norte en la Campaña del Chaco. Expansiones de frontera agrícola y en ninguna de ellas se ha visto que ello haya redundado en un distribución más equitativa de alimentos. Lo mismo la colonización eslava en Misiones, hoy de esos minifundios o de la estrategia cooperativa queda poco, quedan pocos y cada vez van a quedar menos mientras desaparecen los cultivos tradicionales a los que están asociados.

Si se plantea cualquier estrategia sustentable, sería importante que todas las estrategias, tanto hidroeléctricas como de expansión agrícola contemplen en la evaluación de impacto específicamente los riesgos para la salud pública. Que justamente en esa evaluación de impacto la sustentabilidad no sólo sea de retorno financiero, sino una sustentabilidad para la población que está viviendo en el área o que puede vivir en el área.

Como ciudadano, me puedo oponer a la deforestación desde un criterio axiológico, lo considero bueno o malo, pero como investigador de salud pública si se está deforestando tengo que encontrar herramientas de mitigación. Como sanitarista no puedo decir que si no dejan de deforestar no hago nada, porque mientras tanto se está deforestando y la gente se enferma, entonces tengo que actuar. Ahora a priori yo no puedo asegurar sin saber ni donde ni qué, ni donde ni cómo, decir que la expansión de una frontera agrícola es buena o mala por sí misma. Pero si no hay mecanismos que garanticen una redistribución para mí es más de lo mismo. Sobre todo cuando experiencias comparables de la historia, como en la "revolución verde", generaron más dependencia a los insumos importados. Entonces genera un sistema muy dependiente,  de creación y recreación de deuda externa, de dependencia de los insumos para producir, y de dependencia de pocos compradores poderosos. Y en esto yo no veo ningún tipo de sustentabilidad.

 

Sí me hablan de sustentabilidad de la macroeconomía, de un país que se decide a vivir de la retención a la exportación, puede ser. Pero que entonces se demuestre un sistema de redistribución donde se generen recursos legítimos para que la estrategia sea sustentable, para cuando cambie el mercado internacional de granos y ese monocultivo al que se dedicaron se interrumpa de pronto y caigan los precios. A esta historia el mundo la conoce desde los dramas del café o el caucho, o en la Argentina toda la zona que producía lino, que producía linaza como aceite. Si no demuestra una forma de redistribución que genere una forma de vida sustentable, el producto más visible de la propuesta es el hambre. Y quizás menos visible pero más deteriorante en la sustentabilidad como sociedad es el tema de la dignidad. Mucha gente, por un lado, sin ser un descubrimiento original lo que voy a decir, si está preocupada en qué va a comer mañana no puede pensar en otra cosa, en otro proyecto más amplio. Y si a su vez uno tiene un sistema que cada vez produce menos comida y ya lo está viendo hoy: generaciones enteras con problemas de comprensión y aprendizaje importantes por malnutrición infantil; generaciones que no tienen toda la potencialidad que deberían tener para pensar; generaciones que crean y recrean la dependencia, perdiendo hasta su dignidad porque se acostumbran, porque no pueden pensar desde otra perspectiva, no tienen alternativas para pensar desde otra perspectiva. Y creo que es en este lugar donde empieza realmente la responsabilidad de los sectores que fuimos relativamente más favorecidos por la sociedad,  y de los dirigentes que teóricamente son los representantes de la sociedad,  de asumir la sustentabilidad como una sustentabilidad de la dignidad humana. Es decir, generar un sistema que si se propone una estructura sustentable, la gente no dependa de variables menos estables de la estrategia sino de una forma de subsistencia digna independiente del mercado de granos, independiente del interés de una deuda que suba o baje.

 

Muchas de las provincias que se jactan del nivel de empleo logrado o de la cantidad de retenciones a la exportación que han tenido se caen si se retiran esos beneficios azarosos. El sistema no se puede sustentar por sí mismo. No han generado absolutamente nada permanente en 10 o 20 años de ganancias netas. Así que no veo, si no cambian las reglas de juego, como va a cambiar la historia en los próximos 5 años porque exista el doble de tierras dedicadas a la explotación agrícola. Porque en definitiva los dirigentes son los mismos, la estructura económica sobre la que estos viven, crecen y se sostienen es la misma. Y las estructuras de poder en cada uno de los sectores son las mismas, sobre todo en los sectores agrícolas aunque hayan cambiado del latifundio a las empresas extranjeras, todos responden a la ganancia a corto plazo de las empresas. Y los viejos latifundistas  y otros sectores que hoy trabajan para las empresas cuando aparecen grandes ganancias las gastan en bienes suntuarios. Es como estar en uno de esos países orientales donde todo el beneficio del petróleo se encuentra en manos de 2 o 3 familias, que lo gastan en bienes suntuarios, en el mercado financiero del que teóricamente aborrecen, pero no lo reinvierten para mejorar la calidad de vida de su población.

 

Entonces tenemos que una comunidad que ha perdido dignidad, que no puede pensar en otra cosa salvo la subsistencia inmediata y menos va a pensar en un sistema económico o discutir seriamente un sistema político. Un sector mayoritario que está hambreado, que no se va a poder educar porque no accede a la educación. Y eso no es sólo sustentabilidad, es embargar el futuro, es construir un sistema dependiente para que se reproduzca la dependencia.

 

L.J.: Tenés idea de cuánto le cuesta al estado, por ejemplo en salud, las consecuencias de esta expansión de la frontera agrícola.

 

D.S.: Estamos iniciando algunos proyectos, muy incipientes, de evaluación de costos al menos de Leishmaniasis,  para tener esos datos. Es difícil hablar de costos porque hay muchos costos indirectos y muchos costos ocultos, se tiene que trabajar muy seriamente para llegar a conclusiones con rigor metodológico. Lo que sí es evidente es que las ganancias que van al sector privado y los costos los está pagando el estado. Hoy no puedo decir en números cuánto le cuesta, pero el sector privado no lo paga.

 

L.J.: Un tratamiento de Leishmaniasis, tenés una cifra de cuánto sale?

 

D.S.: De un tratamiento de Leishmaniasis puedo dar solamente el costo de la droga, en un adulto son unos 100 dólares. Pero tenemos que pensar que una enfermera le tiene que poner la inyección con una jeringa descartable dos veces por día a una persona por unos 20 días. Que tiene que haber un sistema de diagnóstico atrás. Un sistema clínico para hacer el seguimiento del paciente. Y hablando de costos hay que considerar que la droga genera efectos secundarios, el más típico es el dolor de las articulaciones, artralgia, que a medida que va pasando el tratamiento a mucha gente le impide moverse. Si bien es un efecto pasajero, cuando se termina el tratamiento la persona se recupera,  en un jornalero eso significa quizás 20 días perdidos de trabajo, significa quizás que una familia se queda 20 días sin ingresos. O en áreas de algunas culturas aborígenes la persona se interna para hacerse el tratamiento y viene toda la familia a internarse con el consiguiente costo para el sistema de salud. O el enfermo es un niño y tiene que acercarse con algún mayor hasta la ciudad, porque no hay una enfermera local, y en ese caso hay costo de pasaje o costo de ausencia de la jefa de familia, la madre, que desatiende a los otros hijos. Por eso hay que tener muy en consideración los costos indirectos y ocultos que existen en estas enfermedades, porque es muy común estar hablando solamente de costos directos,  cuando el mayor impacto de las enfermedades en áreas rurales hay que medirlo como días perdidos de trabajo, de viaje, de vivir en la casa de un pariente en el pueblo, amén de la droga en sí. A su vez, uno puede tener un costo adicional para el sistema porque en los países limítrofes el sistema asistencial es privado, entonces para acceder a este tipo de tratamiento en forma gratuita deben cruzar la frontera sobrecargando los costos nacionales. Otra vez aclaro que este comentario no es un juicio axiológico, el hecho en sí no es malo ni bueno. No me parece que a la gente que vive en el área de frontera se le tenga que negar tratamiento, ni me toca a mí opinar que en el otro país es incorrecto privatizar la salud. Pero es un hecho concreto que pasa y que sobrecarga el sistema. Pero si de pronto una empresa decide que va a deforestar un puchito como dicen ellos, un puchito de 500 hectáreas que le quedaba sin deforestar porque les conviene tener 500 hectáreas más de soja, y eso produce 15 o 50 o 100 enfermos de Leishmaniasis, de quién es la responsabilidad social, ya que todos indican al Estado como el único responsable de garantizar la cura de esos enfermos

 

L.J.: Cuando hablás de Leishmaniasis, hablas tanto de la cutánea, la mucocutánea como de la visceral?

 

D.S.: En la Argentina estoy hablando principalmente de Leishmaniasis cutánea y mucocutánea. Es decir la Leishmaniasis tegumentaria, que aparece en la piel, que si se cura sin tratamiento espontáneamente, o si se cura en forma incorrecta, tiene probabilidad de desarrollar en muchos años una forma mutilante del rostro y eventualmente fatal, que es la Leishmaniasis mucocutánea.

 

La transmisión de Leishmaniasis visceral en la Argentina hoy no esta comprobada, pero la tenemos en la frontera con Paraguay y probablemente ya haya pasado la frontera. Estamos instaurando un sistema de vigilancia. La Leishmaniasis visceral tiene el riesgo de una letalidad más alta y su potencial urbanización. En otros países latinoamericanos se está viendo incluso asociada a algunas rutas de transporte. Por ejemplo la ruta del sur de Brasil que va a Bolivia,  donde varias localidades, progresivamente a lo largo de la ruta fueron teniendo brotes epidémicos.

 

L.J.: ¿Cuáles pueden ser los motivos de esto?

 

D.S.: Uno de los motivos es probablemente que en el caso de la Leishmaniasis visceral, que no pasa con la tegumentaria, el perro es uno de los reservorios. Y hay migraciones con los animales domésticos y con ciertos patrones culturales de cría de cerdos y gallinas, permitiendo sitios donde se reproducen los insectos que la transmiten. Y es probable que una vez que se establece en un lugar, por migración, va pasando a los otros. No es un fenómeno que esté del todo entendido. Está estudiándose en la zona de frontera,  para saber si puede entrar por Formosa o eventualmente por Misiones, pero fundamentalmente por Formosa, y desde Formosa extenderse por toda la ruta hacia el sur.

 

De la misma forma la Leishmaniasis tegumentaria, hace algunos años decíamos que el límite sur de la transmisión epidémica era más o menos en los 28º de latitud sur un limite que en la Argentina cruzaba las provincias de Santiago del Estero, Corrientes, Catamarca. Pero el año pasado ya encontramos no la enfermedad, pero poblaciones de vectores, de insectos que pueden transmitir la enfermedad, en las provincias más al sur, de Entre Ríos, Santa Fe y Norte de Córdoba. Inclusive en Entre Ríos y Santa Fe cerca de la ciudades capitales. Si a eso sumamos, según comentarios de la población y por lo que uno ve, que también ha habido tropicalización de la zona en toda la fauna y la flora de la galería del Río Paraná, donde cada vez el trópico se va más al sur, estamos aproximándonos a una situación de riesgo nueva en la Argentina. Insectos transmisores de Leishmaniasis tegumentaria muy cerca de los grandes centros urbanos, donde hay periurbanos enormes y desordenados, donde la población susceptible pasa a ser geométricamente más grande. Un riesgo donde aunque el sur tenga tasas más bajas de transmisión, el número absoluto de enfermos será más importante, y también el costo social y el costo para el sistema de salud.  Por eso en el 2005 incorporamos a Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos al Programa Nacional de Leishmaniasis para que estén preparados no solo para atender a migrantes desde las zonas tradicionalmente endémicas, pero que estén preparados  también para un posible brote autóctono de Leishmaniasis.

 

L.J.: Volviendo a la Leishmaniasis visceral, cuáles son la causas de las migraciones.

 

D.S.: Las causas de las migraciones son las mismas que se están dando en otras enfermedades, razones fundamentalmente económicas. Son las migraciones rural-villas, villas-ciudades, ciudades-ciudades sobre todo en frontera, ciudades-megaciudades, con viajes periódicos a sus lugares de origen, lo que genera una doble circulación de patógenos.  La ciudad de Asunción, en Paraguay, registra cada vez más casos de Leishmaniasis visceral, tanto en perros como en humanos, han instaurado un programa. Nosotros, te comenté antes, en Clorinda, en la provincia de Formosa, frente a la ciudad de Asunción, en el 2002 no encontramos el insecto vector. Teníamos otros insectos parecidos, pero no el que transmite la Leishmaniasis visceral, que en esta zona del sur es uno solo. Pero en noviembre del 2004 ya apareció en Clorinda, de este lado de la frontera.

 

L.J.: ¿El vector es?

 

D.S.: Lutzomia longipalpis. Apareció en noviembre de 2004 en plena ciudad de Clorinda. Y como hay pobladores, que si los favorece el cambio de la moneda, compran perros de raza en Asunción, de pronto traen un cachorro con Leishmaniasis visceral a Clorinda, en un lugar donde ya está instalado el insecto que transmite la enfermedad. Yb también pasan animales sin dueño a través de la frontera seca. Que quede claro que no estoy diciendo que la Leishmaniasis visceral en Argentina aparecerá por culpa de Paraguay, sino por una situación socio-ecológica compartida. Esto no es un tema de autoridad nacional ni de soberanía, es un tema común de la región. A los efectos socio-demográficos, como en todas las fronteras de vecinos con buenas relaciones, algunas ciudades argentinas son ciudades periféricas satélites de Asunción,  la gente cruza y viene a comprar aquí y de aquí cruzan y van a comprar allí. En una encuesta en Clorinda observamos que casi el 30% de las personas habían dormido en la ciudad de Asunción la semana anterior en casa de amigos o parientes. Y es lógico en una frontera casi seca, cruzada por un río donde hay puentes peatonales. Es una situación hasta legítima de esa comunidad. Es una comunidad binacional. Eso no quiere decir que haya que aceptar que de los dos lados haya perros vagabundos que crucen la frontera en forma constante esto genera un riesgo para los dos lugares. Sobre todo que esa frontera es una puerta de entrada a las rutas comerciales que comunican Asunción con Corrientes o Resistencia, lugares con los que hay intercambio comercial pero también numerosos lazos familiares.

 

En todo proyecto de expansión o desarrollo, por lo que decía antes, hay que evaluar los impactos. Hay una fuerte tradición, que no está mal, en la evaluación de impacto sanitario y ecológico que viene de la ingeniería ambiental y donde, de pronto, algunos aspectos de salud pública son descuidados, o tomados en cuenta sólo en las obras hídricas. Pero en la construcción de las evaluaciones de impacto se ha ido creciendo por tópicos, es un área que ha ido creciendo por agregados y sumatorias. Entonces, se puede abogar con fuerza para que se incorpore la sustentabilidad económica de las comunidades afectadas por los proyectos, algo que ya se incorporó cuando las represas inundaron terrenos y se mudaron a los habitantes del área, aunque no siempre se garantizó una fuente de subsistencia sustentable y digna para los mismos en la nueva localidad. Y lo mismo cuenta para incorporar a la evaluación de riesgos el aspecto sanitario de insectos vectores y mamíferos reservorios antes de realizar los proyectos en zonas de riesgo.

 

L.J.: Para ir terminando, vos contabas el otro día que cada vez que preparabas un protocolo para captura de insectos para investigación epidemiológica, cuando llegabas al lugar indicado, te habían dejado ya sin monte primario para trabajar y te corrían el lugar por la deforestación.

 

D.S.: Si, es por la aceleración de los tiempos de la deforestación, gracias nuevamente a la soja. Esto nos ocurre justamente con un proyecto para evaluar el impacto de la deforestación sobre las poblaciones de insectos. Tenemos que hacer muestreos de insectos sobre las áreas de vegetación primaria, así que armamos un protocolo de investigación y cada vez que vamos a instalarlo, se corrió la frontera de deforestación y la vegetación primaria es campo de cultivo. Hablamos de kilómetros y kilómetros y kilómetros donde la vegetación primaria está cuando nos vamos, y cuando volvemos ya es soja. Así que nos corremos hasta la nueva área donde queda vegetación nativa remanente, instalamos nuestras primeras trampas, y cuando volvemos a los 2 o 3 meses, de nuevo nos han corrido la frontera hasta que, como decía, en muchos de estos lugares como en las sierras de Orán prácticamente llegaron a la ceja del monte. Más de ahí, no se puede ir, porque ya no hay más. Ya no hay más monte tampoco. Es todo vegetación secundaria. 

 

CN: (quien filmó la entrevista) Me daban unos retorcijones en el estómago cuando escuchaba.

 

L.J.: Sí me superó totalmente. Creo que dejamos la película así. Lo pasamos así sin nada, porque para qué editar? Porque, en realidad, cuando una habla de todo esto, piensa: ¿puede ser tan malo todo, no?

 

D.S.: Y lamentablemente no es un sistema diferente a lo que uno viene viendo en forma histórica. El problema es el engaño.

 

L.J.: Y cada vez pero, porque es la negación también.

 

D.S.: Es como cuando en los '90 uno le decía a los riojanos: ¿ustedes se cruzaron a Tucumán?, esta riqueza que viven es una ilusión. Ellos decían:0 no, no, de alguna forma se va a mantener. Una negación absoluta. Ya se estaba cayendo todo y lo negaban.

Vivimos una sociedad, en toda Latinoamérica y quizás en el mundo en una sociedad negadora, que vive negando, vive jugando a la desmemoria y donde este cortoplacismo hace que los pequeños momentos donde hay un aparente crecimiento, se consideren eternos. Entonces, es una pequeña fiesta para algunos. Gotea a la clase media, esa clase con capacidad de decisión, o que debería tener capacidad de decisión, y se conforman con dos mangos. Y vos le decís, esto no puede durar, porque esto no va a durar.

 

L.J.: Y ellos dicen, aguantemos estos 4 años y después echémosle la culpa al que viene.

 

D.S.: Y... un poco como comentábamos, para mi entender, sabiendo que la comunidad europea no va a poder mantener este sistema de compra de la soja, porque en algún momento va a tener que rever su sistema de subsidios, y donde nos va a quedar como único gran comprador China, es una ruleta rusa, es una ruleta china realmente, pero es una ruleta rusa. China tiene el poder para cambiar el precio.

La CEPAL con Prebisch y los economistas de los 60' impusieron la idea del deterioro de los términos de intercambio, cuando los productores primarios venden barato y compran caro, y después vino la escuela liberal criticándola de bagatelas marxistas. Pero independiente de las ideologías el deterioro del intercambio está a la vista. Porque volvemos a elegir un sistema de país de producción primaria, sin ningún valor agregado. Estamos en tiempo de la revolución liberal y entramos en el segundo centenario exactamente igual que como en el primer centenario. La fiesta del segundo centenario, como la del primero, va a ser la fiesta del granero del mundo donde solamente van a festejar esas 5 familias que llevaban sus vacas a París, o el quebracho a Inglaterra. Pero en este momento es muy difícil decirle a la gente que vivimos en una sociedad económicamente vulnerable. Porque estamos con la misma vulnerabilidad que en los 90'. Si, ideológicamente es distinta, pero en la base... Es volver a Galeano, la pobreza de los pueblos como consecuencia de la riqueza de la tierra. Aquí y en los otros países de Latinoamérica es lo mismo.

Vos hablabas de Paraguay. Es interesante, de pronto ir a la zona del Chaco, a la zona menonita y ver ese híbrido económico que han hecho rodeados de aborígenes y criollos, una sociedad cooperativa casi Amish. Donde el excedente tampoco ha salido del ámbito menonita.

 

L.J.: Bueno, los Menonitas han cobrado tanto poder en Paraguay.

 

D.S.: Y hoy se están instalando en Santiago del Estero, de las mismas colonias Menonitas de Paraguay.