Señoras y Señores Senadores:

 

Tenemos el agrado de dirigirnos a ustedes  con motivo del próximo tratamiento en vuestro recinto  del Proyecto de ley de Biocombustible, tema que nos preocupa enormemente como grupo de investigación y acción que se propone hacer conciencia acerca de la necesidad de modificar el actual modelo de agro exportación de comodities y la actual dependencia a paquetes tecnológicos, a la vez que ir desarrollando nuevos derechos a la Seguridad y a la Soberanía Alimentaria.

 

Desde hace varios años, como  Grupo de Reflexión Rural (GRR) hemos estado advirtiendo y denunciando en diferentes ámbitos públicos nacionales e internacionales, de los cuales el más reciente con motivo de la reunión del Protocolo de Cartagena de Bioseguridad (MOP3) y la Octava Conferencia de las Partes de la Convención sobre Diversidad Biológica(COP8), realizadas en Curitiba, Brasil, en este mes,  acerca de la imposición de un modelo agroindustrial basado en cultivos transgénicos, en particular, en el monocultivo de la soja, cuyas consecuencias altamente perjudiciales en términos medioambientes, de salud humana y económicos-sociales afectan la vida y el trabajo de cientos de miles de campesinos y pobladores de las periferias urbanas, además de poner en riesgo la soberanía alimentaria  de nuestro país y  profundizar  nuestra dependencia biotecnológica de unas pocas corporaciones transnacionales.

 

Algunos datos del último Censo Nacional Agropecuario (CNA) del 2002- herramienta imprescindible para la definición de las políticas públicas- dan cuenta de los procesos más significativos registrados desde el año 1988 correspondiente al CNA anterior. Uno de estos datos refiere a la importante caída en el número de explotaciones agropecuarias (EAP) en todo el país aunque la disminución más importante se registró en la región pampeana donde la baja fue del 29. 3 por ciento. Esta tendencia decreciente tiene estrecha relación con el crecimiento de la superficie promedio por unidad y, consecuente, con el aumento de explotaciones cada vez más grandes y más capitalizadas debido a la importante incorporación de paquetes tecnológicos y maquinaria más moderna adaptada a las nuevas condiciones de producción. Esta situación implicó el desplazamiento y  disminución importante en el número de productores y la reducción en la cantidad de trabajadores asalariados permanentes y transitorios. En definitiva, existe un menor número de productores con mayores extensiones de tierras destinadas a unos pocos cultivos de granos, especialmente, de oleaginosos donde la soja transgénica ocupa el lugar primordial, con una superficie de 17 millones de hectáreas.  Los datos censales dan cuenta de otros fenómenos. La superficie destinada a oleaginosos aumentó un 86 por ciento con respecto al censo del año 1988, en tanto los cultivos industriales como el algodón, la caña de azúcar y la yerba mate, entre otros, cayeron un 39 por ciento, a los que se suman las legumbres y las hortalizas con bajas de un 25 por ciento y un 23 por ciento respectivamente. Esto significa que la  superficie implantada con soja no se reduce a la tradicional producción granaria en la región pampeana sino que se expande a otras provincias del norte como Santiago del Estero, Salta y Tucumán en la región del NOA y, también, en la provincia del Chaco en el NEA, alterando la diversidad productiva agropecuaria argentina y la estructura social agraria.

 

El paquete tecnológico de la soja (semilla RR y glifosato) que implica un manejo simplificado mediante el empleo de herbicidas y poca mano de obra,  ha facilitado el monocultivo  de la soja al destinarle cada vez mayores  extensiones de tierra, ante una demanda  favorable del mercado global.  A su vez, el avance de la frontera agrícola en las provincias del norte ha significado  cultivar sobre  agrosistemas más frágiles, es decir, en tierras más propensas a su degradación, por un lado,  así como la ocupación de tierras mediante el desmonte, por lo que se han perdido grandes extensiones de bosque y monte nativo, por el otro, afectando la biodiversidad, las condiciones climáticas, la flora y la fauna de buena parte del país. Tampoco la región pampeana escapa a los estragos de la monoproducción sojera porque desde hace varios años los especialistas en suelos vienen advirtiendo sobre la pérdida de calidad de los suelos pampeanos debido a la falta de rotación de cultivos e importante disminución de nutrientes que no alcanza a ser compensada por la incorporación de fertilizantes. Por ello, el Ing. Roberto Casas ha indicado que “la calidad natural de nuestros suelos tiene límites y que sobrepasados estos límites la vulnerabilidad se vuelve crítica” (La Nación/Suplemento Campo/ 04/02/2006). Por lo que si no se ponen límites a este modelo productivo insustentable estaremos hablando  en un futuro muy próximo de graves crisis o tal vez de colapsos productivos de nuestra agricultura.

 

Es preciso tomar en cuenta, también, la incidencia social que plantea  la producción extensiva de la soja al despojar de su fuente de trabajo a cientos de miles de productores pequeños, campesinos y trabajadores rurales e instalar en nuestro campo un modelo de “agricultura sin agricultores, tal como reiteradamente lo reconoce el mismo Gustavo Grobocopatel, uno de los mayores empresarios sojeros del país y privilegiado beneficiario de esta Argentina agro exportadora. En este contexto, ponemos a vuestra consideración dos cuestiones que consideramos fundamentales: Una de ellas esta referida al hecho de que establecer una ley de biocombustibles, en gran medida sobre el cultivo de la soja refuerza en forma inexorable las condiciones críticas en las que se está desarrollando  este creciente proceso de “sojización” y compromete en forma definitiva nuestra principal base productiva que es la actividad agropecuaria. Este aspecto remite, en particular, al artículo 6º del proyecto de Ley, que plantea la necesidad “de garantizar  una producción sustentable, prevención de riesgos y de seguridad medioambiental”, pero que parece ignorar o pasar por alto, la preocupación por una sustentabilidad de toda la cadena productiva desde el cultivo mismo hasta la planta procesadora, que cubra todos los tipos de producción con todo tipo de biomasa.

 

Un segundo punto está en estrecha relación con el anterior, ya que no será posible pensar en generar empleo  agroindustrial  a partir de la producción de biodiésel si no están aseguradas las condiciones planteadas en el citado artículo desde su inicio, es decir, desde la sustentabilidad de la producción primaria. Caso contrario es imposible dejar de ver que el empleo generado por estas plantas procesadoras, dista mucho de equiparar al enorme desempleo que produce este modelo de agricultura y en nada repara sus impactos sobre el tejido social, sobre la cultura y el arraigo, y los innumerables problemas suscitados por el despoblamiento y el hacinamiento de los nuevos pobres en las zonas marginales de las grandes ciudades.

 

Finalmente, nos cabe señalar la existencia de fuentes alternativas para la producción de energía  y, en particular, para la producción de biodiésel, como es el empleo de los aceites empleados para la elaboración de alimentos y su reutilización a bajo costo.  Consideramos que estos insumos por ser deshechos reutilizables son más legítimos, desde un punto de vista ético u holístico como materia prima para combustibles, que las biomasas provenientes de la agricultura, considerando la ausencia en el imaginario político de las prioridades de un mercado interno, así como la cantidad de población que carece de la alimentación adecuada y suficiente, y por lo tanto debería  ser esta práctica convenientemente enfatizada y promovida. Asimismo quisiéramos llamar a reflexión sobre la paradoja de preocuparnos de producir biocombustibles con el trabajo de la agricultura, no solo cuando tenemos una población con serias deficiencias de comida, sino también cuando tenemos como uno de los principales rubros de exportación al petróleo crudo por parte de la empresa REPSOL YPF. Convencidos que las Políticas de Estado en una Democracia deberían ser consultadas con el Pueblo de la Nación y que hace daño a la vida republicana la existencia de tales políticas con ocultamientos, vergüenza o temor de explicitarlas, y estamos refiriéndonos al modelo de país productor de forrajes transgénicos, a la promoción de la Biotecnología y de la producción de Biodieseles provenientes de la agricultura, quedamos a disposición de los Señores Senadores para las consultas y debates que consideren convenientes.

 

Buenos Aires,  30 de marzo de 2006

GRR Grupo de Reflexión Rural