EL  GRR  FRENTE  A  LA  REUNIÓN  DE  AAPRESID   EN  CHARATA   Y  LA  CONVOCATORIA  AMBIENTALISTA  POR  DESMONTES  S.A. :    MAQUILLAJE  Y  AUSENCIA  DE  UN  PROYECTO  NACIONAL

¿Qué pensamos cuando Cecilia Pando y Karina Mugica, la ex novia de Astiz, nos proponen la memoria total, frente a las políticas de derechos humanos? ¿Qué pensaríamos si el Comisario Etchecolatz nos propusiera una forma más efectiva para buscar al testigo desaparecido Jorge Julio López?

En el reciente encuentro de productores organizado por AAPRESID, la Asociación de Siembra Directa, en Charata, provincia del Chaco, su presidente, Jorge Romagnoli expuso, aparentemente preocupado, que: “Pareciera ser que las reglas del mercado imponen un comportamiento empresario en función a los resultados inmediatos, basados en la ecuación costo-beneficios y, simultáneamente, alejan al productor del análisis encuadrado en la lógica de la sustentabilidad para lograr beneficios permanentes a través del tiempo”… y añadió que, ese accionar…”presiona sobre el ecosistema, desplazando la banda de equilibrio a un nuevo punto, seguramente de mayor fragilidad”. Pareciera entonces que, Romagnoli, luego de tantos años de instalación de un modelo despiadado de monocultivos transgénicos en la Argentina, viene a descubrir lo que resulta elemental e inherente a la aplicación mecánica de criterios empresariales e industriales en las prácticas agrícolas: que la ecuación costo beneficio establecida por las reglas del mercado global, se terminan imponiendo por encima de toda otra norma social o ambiental y terminan produciendo lo que tantas veces anticipó el GRR: desocupación, despoblamiento y colapsos ambientales severos… 

Pero, además, Romagnoli, lo viene a descubrir nada menos que en la provincia del Chaco, donde hablar hoy de mayor fragilidad, en medio de un ecosistema devastado por el  tipo de agricultura que promovió en su momento la misma AAPRESID, resulta algo más grave que  una burla perversa… Pero, por sobre el fracaso social y ambiental de las políticas agrícolas de los últimos años, AAPRESID insiste en realizar propuestas políticas y de ese modo, Romagnoli en plan tardío de propulsor de la educación ambiental entre sojeros, nos explica que: “la solución a estos problemas no pasa seguramente por establecer un esquema dirigista en el uso de la tierra. Los países que adoptaron dichas reglas tienen tanto o más problemas al respecto que el resto. El tema es dar a conocer a los actores de mercado las causas y consecuencias del mal uso de la tierra, y especialmente a sus propietarios, que son los que en primera instancia van a sufrir el efecto económico por la perdida de capital”. Y cómo si este desprecio por el Estado Nacional y por el derecho de la Sociedad argentina a precaverse de estos corsarios fuese poco, uno de los científicos más destacados por su funcionalidad a las empresas sojeras, el profesor Jorge Adámoli, también presente en el encuentro, nos dice que, comparte “las críticas al fundamentalismo ambientalista, porque le restan credibilidad a los esfuerzos por conciliar intereses comunes”… y palos para un lado y luego aparentes palos para el otro, como para mostrarse supuestamente equidistante, nos dice Adámoli, que también, existen empresas: “que tienen desprecio por las cuestiones ambientales, y cuyas bases de competitividad no están basadas en la eficiencia productiva, ya que actúan al margen de lo que  dicta la responsabilidad social empresaria”. Bien, y aquí salió a luz la nueva fórmula que preside las doctrinas económicas de interés del nuevo empresariado Globalizado: la RSE o Responsabilidad Social Empresarial,  política instalada en los nuevos discursos académicos como seductor maquillaje, y que incursiona en temas ambientales, laborales y de derechos humanos, intentando humanizar el duro rostro del Capitalismo.

Los criterios de sustentabilidad y la necesidad de respaldar las producciones con ordenamientos ambientales o territoriales, y con preservación de las zonas de alta biodiversidad, son condicionamientos internacionales en creciente aumento por parte de los mercados globales, y  reflejan las mayores exigencias de los consumidores europeos, a los que se intenta calmar y satisfacer con diversas certificaciones de origen o de calidad. Pero en simultáneo, estos condicionamientos de los mercados, expresan las tendencias globales de lo que se denomina el nuevo Poder del Conocimiento o de la información. Este poder resulta de un entramado complejísimo de empresas, universidades, consultoras, certificadoras, grupos de lobby, partidos políticos, laboratorios, centros de investigación privada y transnacionales que se nutren de los patentamientos y privatizaciones de las ciencias y de los conocimientos, y que a caballo de la era del petróleo que termina y de la nueva era de la biotecnología y de la soja que se impone mundialmente, se disponen a promover y explotar masivamente los nuevos Biocombustibles basados en la agricultura. Las grandes ONG como la WWF, AVINA, Vida Silvestre o Greenpeace, juegan cómodos en esta zona ambigua en que se confunden los discursos y los gestos bienintencionados con los estímulos del Banco Mundial y con los intereses de las transnacionales. Esas ONG comparten desde hace años espacios con los Agronegocios, espacios tales como el Foro por los cien millones de toneladas de la Argentina que preside la Fundación Vida Silvestre, y han logrado modificar el discurso empresarial haciéndolo menos brutal y más engañoso, y por ello mismo propicio para los nuevos maridajes político ambientales que propicia Greenpeace, tales como el de las relaciones con Miguel Bonasso o con Romina Picolotti. [1]

Se trata en definitiva de privatizar o de tercerizar la planificación y el ordenamiento ambiental, poniéndolo al servicio de los grandes intereses globales, intereses que les asignan a nuestros países roles precisos en la provisión masiva de recursos naturales, y frente a los cuales la tarea asignada a los ambientalistas parecería ser apenas la de encender luces rojas cuando el sistema amenaza naufragar como consecuencia de la codicia desenfrenada de los sojeros, y entonces ayudar a encontrar caminos menos idiotas que el de matar a la gallina de los huevos de oro. Se trata siempre de que  la estrategia se halle en manos de empresarios y de funcionarios de las ONG, y a lo sumo de algún político progresista con necesidades comunicacionales, y que la política se subordine a esas negociaciones realizadas al margen del Estado Nacional. El ordenamiento territorial en manos de AAPRESID, de la Fundación Vida Silvestre o de Greenpeace, se transforma de esa manera en un nuevo mecanismo corporativo que subordina el país a las necesidades de las Corporaciones. Y no ocurre ello sólo por ausencia del Estado, ya que algunas instituciones, tales como el INTA y la SAGPyA participan activamente de esos Foros y maridajes, y es sabido que el Ministro De Vido dispone en su organigrama de Secretarias: una de planificación territorial. Esta privatización de las políticas de ordenamiento es la consecuencia de una decisión política básica, la decisión de que no exista un Proyecto Nacional. Al no haberlo, a no estar direccionadas las políticas públicas, resulta sencillo para las empresas y para sus aliados en las ONG, ocupar una vacancia de poder estratégico y llenarla en función de los intereses de los grandes mercados globales.

Lo decíamos ya en el año 2002 en el libro Estado en Construcción y aún mantienen plena vigencia nuestras propuestas:

        “Nos preguntamos si además de ausencia de una reflexión  profunda que puede ser solo pereza intelectual, hay ignorancia, mala fe o algo mucho peor y nos referimos a la definitiva impotencia de una clase que parece  absolutamente incapaz de cuestionar los fundamentos del sistema pero que en cambio pone toda su energía en la disputa por el poder dentro del movimiento popular. Son los mismos que fracasaron en el 99  y que mostraron en la conducción de ciertos ministerios tanto, como en la propia conducción del INTA, una definitiva ineptitud a la vez que un abroquelado respeto por las formas funcionariales del Estado liberal. Son tan hábiles para disputar poder en el campo popular como ineptos para desarrollar capacidad de gobierno en el Estado en construcción. Por ello creemos que en el escenario  político expresan una presencia espectral que se nutre de invisibilidades y de ausencias. Cuando decimos invisibilidades nos referimos a ese  sentido de lo sagrado que tiene lo rural, a todo lo concerniente a la vida en el campo, a los grandes temas del arraigo y de la Cultura con mayúscula que se hallan ausentes de las agendas y de los discursos políticos. Y cuando decimos ausencias nos referimos a los debates que nos debemos acerca del poder y del Estado. Creemos que la confusión entre ambos conceptos, ha venido abonando el peligroso plano inclinado hacia la disolución nacional en que nos encontramos. La idea del asalto al poder impregnó todas las luchas de los setenta bajo la influencia militar de los mismos sectores sociales y culturales con los que hoy debemos enfrentarnos en esta discusión sobre el Estado y el poder y los modos de ejercer la acción política.  En la Rusia feudal de principios del siglo veinte era comprensible que los atributos y los símbolos del poder parecieran instalados en lugares tan significativos como el Palacio de Invierno, y que su ocupación armada por parte de los revolucionarios expresara de un modo claro y terminante el cambio  radical e irreversible que se vivía en lo social. Es muy probable que en la Cuba de la primera mitad del siglo veinte, los rasgos brutales del autoritarismo de Batista justificaran plenamente el asalto de Echeverría en La Habana a la Casa de Gobierno o el asalto de Fidel al Cuartel Moncada. Pero nada justifica que nuestros paradigmas y creencias, si bien continúan anclados en antiguas verdades, mantengan con ellas acríticas lealtades. El Estado Argentino como instrumento del desarrollo y garante de reglas sociales de convivencia, fue sistemáticamente demolido por los militares primero y más tarde por el menemismo. En lo que resta del Estado, esos relictos del Estado que alguna vez conocimos, fueron cuidadosamente instalados tanto  por los radicales como por los menemistas, sutiles mecanismos administrativos inhibitorios y frenadores que originan y conforman lo que conocemos como el Estado bobo, un Estado que sólo es útil a la oligarquía prebendaria. Sin embargo, muchos grupos contestatarios confunden indistintamente en sus planteos y propuestas al Estado, al gobierno y al poder, y en medio del hervidero social que es la Argentina actual avanzan en construcciones horizontales y autónomas sin preocuparse mayormente por aportar a proyectos de conjunto y menos aún a proyectos de sentido nacional. Las propuestas de reconstrucción del Estado Nación no deberían separarse de nuestras luchas cotidianas, del ejercicio cada vez más activo de una conciencia y una actitud de ciudadanía crítica, de la organización asambleista de los barrios, de las iniciativas populares frente a la mafia policial del conurbano, de la ocupación y puesta en marcha de empresas por sus propios trabajadores, porque todas y cada una de estas luchas constituyen Estado en construcción, tanto como significan reconstrucción de la autoestima de los participantes, o sea recuperación del poder que habían cedido a los punteros y al gobierno. Plantearse sólo la construcción del poder y no la del Estado en construcción, significaría desertar a uno de los principales desafíos que tenemos por delante, así como desconocer que somos nosotros, precisamente nosotros vecinos, nosotros ciudadanos, nosotros pobladores, quienes asumiendo los nuevos protagonismos de un contrato social aún por redactarse, reconstruimos desde el pie las nuevas formas del Estado Nación”.

GRR Grupo de Reflexión Rural

5 de Noviembre de 2006

www.grupodereflexionrural.com


[1] http://www.vidasilvestre.org.ar/servinfo/download/fvsa-foro-100ms.pdf