EL GRR FRENTE A LA SEQUIA

                  Proponemos generar políticas ante la Crisis ambiental

 

1.      La sequía solo puede comprenderse en los marcos de la crisis ambiental que vive el Planeta, crisis que es la consecuencia de cambios climáticos que son a su vez resultado de actividades humanas y particularmente de un tipo de sociedad urbana industrial capitalista, basada en la extracción masiva de bienes de la Naturaleza y en la contaminación generalizada. Intentar enfrentar la sequía desde abordajes puramente económicos, productivistas, financieros, o acaso pensando tan sólo en darle respuesta con impuestos y subsidios, parece algo insensato, en especial en medio de acelerados cambios ambientales. No obstante, parecería ser ese el modo en que tiende a responder la llamada clase dirigente, incapaz de trascender lo inmediato, carente de un proyecto de país y reacia a incorporar una mirada sobre el entorno.

 

2.      Asombra tales incomprensiones, cuando la sequía es una situación que con naturalidad, nos conduce a intentar comprender los ecosistemas y los modos que nuestros modelos productivos impactan sobre ellos. Lo adecuado debería ser, conjuntamente, por un lado, comenzar el cambio del modelo  productivo de monocultivos, y por otro, generar ya, estrategias de adaptación ante los cambios climáticos como Política de Estado, donde estén integradas todas las políticas y programas que tengan relación con la alimentación y la agricultura.

 

3.      La sequía debería obligarnos a responder a la crisis climática con políticas agrícolas complejas, políticas que aborden el problema desde diversos ángulos y que tengan capacidad de reorientar las prácticas que son, en definitiva, la causa del problema. Estos enfoques nos llevarán a valorizar muchas de las antiguas prácticas y conocimientos locales de producción, recuperar los diversos métodos de preservación de agua, a la vez que apostar por agriculturas de proceso, sin mayor uso de insumos y respetuosas de los ecosistemas forestales.

 

4.      Pensamos que esta sería una buena ocasión para que las mal llamadas retenciones, que en realidad son derechos de exportación, según la Constitución Nacional, sean pagados por el exportador, a quien en verdad, están destinados. La existencia de diferentes gravámenes para grano, aceite, harina o biodisel constituye por otra parte, una oportunidad para que el cerealero ligado a los exportadores, se abuse sistemáticamente tanto del Estado como del productor. El cerealero exportador operando como agente de retenciones del Estado cobra siempre las mayores retenciones, quedándose con las diferencias. Aunque estas prácticas constituyen una estafa, son aceptadas, tanto por los funcionarios que aceptan recibir las retenciones por biodisel o harinas, cuando fueron descontadas como grano, como por los productores debido a que son prisioneros del sistema cerealero corporativo tanto económico como políticamente.  

 

5.      Hace años que tanto el INTA como ciertas Universidades ensayan cultivos de soja en zonas de riego. Ante la necesidad de tener que importar trigo que se nos impone debido a la sequía y por necesidades del mercado interno ¿por qué no implementar, nos preguntamos, siembra de trigo, libre de gravámenes, con semilla gratis y venta asegurada a precio sostén, es esas zonas de riego de las que se dispone?

 

6.      A modo de ejemplo: los Partidos de Villarino y Patagones afectados por la sequía de manera aguda, comparten una zona de riego de aproximadamente 75.000 hectáreas en cada uno de ellos.  Proponemos sembrar moha y cebada, libre de gravámenes, con semilla subvencionada, para recibir en “hotelería” hacienda de la zona de secano o hacer forraje para rodeos lejanos. Todo lo contrario, nos consta que en la zona del valle inferior del Río Negro como en el valle inferior del Río Colorado, se está produciendo alfalfa en zonas bajo riego, para fardos que se exportan a España en contenedores, desde el puerto de San Antonio. Mientras nuestra hacienda muere nosotros continuamos exportando forrajes y el agua que esos forrajes verdes incluye.

 

7.      Debería aprovecharse la ocasión para estimular a todo productor que aún esté viviendo en su campo o que acepte regresar a la tierra, esto en caso de tenerla arrendada a un pool, para que no siembre soja sino alimentos  para el mercado interno con un precio asegurado de venta en los mercados locales.

 

8.      Asimismo, se podría desgravar la recuperación de molinos de viento o aguadas, e implementar sistemas de alambre eléctrico con células fotovoltaicas, de modo de alentar el pastoreo y las tecnologías armoniosas con los agroecosistemas. Se dejará de fomentar, tal como se hace, las perforaciones para pivotes y/o sistemas de riego con motores a combustible fósil y/o electricidad de red. En el caso de energías alternativas las perforaciones deberán estar avaladas por el organismo Provincial o Municipal correspondiente, con estudios de las napas y del acuífero involucrado.

 

9.      El manejo y la supervisión de todos estos planes y nuevas líneas de innovación productiva ante la emergencia, serían responsabilidad de los Municipios. Asimismo, y dada la situación de crisis ambiental, se suspenderían a nivel municipal, todas las normas que rigen la producción, manejo y comercialización local de productos manejados tradicionalmente por los agronegocios. Nos referimos especialmente a volver a la venta de leche fresca en los ámbitos locales o zonales. El Municipio se hará responsable del cumplimiento de las normas de higiene correspondientes.

 

10.  La crisis ambiental sería una gran oportunidad de ensayar desarrollos locales que garanticen el tránsito hacia una sociedad con mayor seguridad y Soberanía Alimentaria. El que propiciemos soluciones creativas y el que se respalden estrategias innovadoras, estimula la participación popular y le proporciona a la democracia nuevos contenidos. El desafío es entonces transformar los riesgos con medidas que proponemos que son totalmente viables, y que seguramente se las verá como razonables. Por lo demás, se basan en experiencias que el campo argentino ha conocido y experimentado largamente. El gran problema a resolver, es que para implementar estas propuestas, se hace necesario comenzar a reconocer que existe una natural dependencia entre la comunidad y los agroecosistemas. Se trata de comprender, en definitiva, La sequía solo puede comprenderse en los marcos de la crisis ambiental que vive el Planeta, crisis que es la consecuencia de cambios climáticos que son a su vez resultado de actividades humanas y particularmente de un tipo de sociedad urbana industrial capitalista, basada en la extracción masiva de bienes de la Naturaleza y en la contaminación generalizada. Intentar enfrentar la sequía desde abordajes puramente económicos, productivistas, financieros, o acaso pensando tan sólo en darle respuesta con impuestos y subsidios, parece algo insensato, en especial en medio de acelerados cambios ambientales. No obstante, parecería ser ese el modo en que tiende a responder la llamada clase dirigente, incapaz de trascender lo inmediato, carente de un proyecto de país y reacia a incorporar una mirada sobre el entorno. que, en relación a la sequía como a cualquier otra crisis ambiental, se nos hace preciso revisar nuestros modelos productivos, que son insustentables, y aceptar abandonar el modelo agro exportador de monocultivos y la actual dependencia de los agronegocios y de las cadenas agroalimentarias.

 

30 de Enero de 2009

GRR Grupo de Reflexión Rural

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